El proyecto que nació en 2001 con el objetivo de devolver a Gipuzkoa a la élite del baloncesto cumple 25 años. Un cuarto de siglo de ascensos, descensos, noches inolvidables en Illunbe y el Gasca y una idea que sigue vigente: convertirse en la casa común del baloncesto guipuzcoano.
Han pasado 25 años desde que, en 2001, Vicente Mozo, Gorka Ramoneda, Ramón Santamaría y Miguel Santos impulsaron un proyecto con una ambición muy clara: devolver al baloncesto guipuzcoano el espacio que entendían que merecía. Donostia había conocido la élite con Askatuak y su nombre formaba parte de la memoria deportiva de varias generaciones. Pero el inicio del nuevo siglo exigía construir algo diferente. Así nació Gipuzkoa Basket.
La primera temporada, la 01/02, supuso el punto de partida. El Polideportivo José Antonio Gasca se convirtió en el escenario de un proyecto que aspiraba a reunir en torno a sí al baloncesto del territorio. El camino, sin embargo, no fue sencillo. Durante las dos temporadas siguientes no fue posible mantener el equipo profesional, aunque la idea original no desapareció.
Los impulsores del proyecto mantuvieron la convicción. Y en la temporada 2004-2005, Gipuzkoa Basket regresó para iniciar una segunda etapa que acabaría cambiando para siempre la historia reciente del baloncesto guipuzcoano.
De un proyecto renacido a la ACB
El regreso se produjo en LEB-2. Gipuzkoa Basket completó una buena temporada regular y terminó segundo, aunque La Laguna frenó sus aspiraciones en el play-off de ascenso. Lejos de rendirse, el club dio entonces un paso decisivo para garantizar la continuidad del proyecto en el baloncesto profesional mediante la adquisición de una plaza en LEB-1.
La temporada 05/06 marcaría un antes y un después. El equipo fue creciendo en la pista y también fuera de ella. La afición comenzó a identificarse con un proyecto que, en poco tiempo, estaba recuperando la ilusión alrededor del baloncesto en Gipuzkoa. El quinto puesto en la Liga regular abrió la puerta al play-off y Gipuzkoa Basket firmó una serie brillante hasta conseguir el ascenso a la ACB tras superar a León. Aquel día quedó grabado en la historia del club.
Con la llegada a la máxima categoría, Illunbe se convirtió en la nueva casa del Gipuzkoa Basket. El cambio de escenario reflejaba también la dimensión que había alcanzado el proyecto. En su primera temporada en la ACB, el club se situó entre los equipos con mayor afluencia de público y número de abonados de la competición.
El respaldo social no fue suficiente para evitar el descenso, pero Gipuzkoa Basket ya había demostrado algo fundamental: el baloncesto de élite podía volver a tener una presencia relevante en Donostia y Gipuzkoa.
El segundo ascenso y una afición en crecimiento
El paso por LEB volvió a ser breve. Una buena temporada permitió al equipo disputar el play-off en Cáceres, en un formato histórico para la competición. Gipuzkoa Basket superó al Breogán en semifinales y al Tenerife en la final para lograr su segundo ascenso a la ACB.
Aquella plantilla dejó nombres que todavía forman parte del imaginario colectivo del club. David Doblas, Andy Panko y Ricardo Úriz tuvieron un protagonismo especial en una etapa que consolidó la conexión entre el equipo y su afición.
El regreso a la ACB trajo consigo una nueva dimensión social. Gipuzkoa Basket logró mantener la categoría y llegó a contar con una base de alrededor de 7.000 abonados, más de un centenar de empresas implicadas y una asistencia media que rondaba las 8.000 personas. El proyecto ya no era solamente un equipo que había llegado a la élite. Había conseguido generar un movimiento a su alrededor.
La temporada que llevó al Gipuzkoa Basket a la Copa
El punto culminante llegó en la temporada 11/12. Tras un inicio complicado, el equipo fue creciendo hasta firmar la campaña más exitosa de la historia del club. Gipuzkoa Basket logró clasificarse para la Copa del Rey de Barcelona y disputó posteriormente el play-off de la ACB ante Valencia, una eliminatoria que se decidió en el tercer y definitivo partido. Aquella temporada tuvo también un nombre propio: Andy Panko.
El estadounidense fue reconocido como MVP de la competición después de promediar 19 puntos por partido y convertirse en una de las grandes figuras de la Liga. Fueron meses en los que el baloncesto volvió a ocupar un lugar destacado en la vida deportiva de Gipuzkoa. Gipuzkoa Basket había llegado a la élite y, por momentos, había conseguido competir con algunos de los mejores equipos de la ACB.
Las dificultades y un nuevo regreso
Pero ningún proyecto de 25 años se construye en línea recta. Después de aquella etapa de éxitos llegaron temporadas más complicadas. La estabilidad deportiva se resintió y, en la campaña 15/16, el equipo descendió a la LEB Oro. El regreso a una categoría inferior llevó también al club de vuelta al Gasca como escenario de sus partidos como local. Allí, en un entorno más cercano a los orígenes del proyecto, Gipuzkoa Basket volvió a encontrar el camino.
La respuesta fue inmediata. El equipo firmó una gran temporada y consiguió un nuevo ascenso deportivo tras proclamarse campeón de la Liga LEB Oro en la fase regular. El retorno a la ACB volvió a demostrar la capacidad competitiva del proyecto. Gipuzkoa Basket logró la permanencia y terminó la Liga en la decimotercera posición, aunque la siguiente temporada no pudo alcanzar el objetivo de mantenerse en la categoría. Otra vez tocaba empezar de nuevo.
La Copa Princesa y el valor del talento guipuzcoano
La temporada 19/20 abrió una nueva etapa. El club regresó a la LEB Oro y apostó decididamente por reforzar la presencia de talento guipuzcoano en el equipo. La decisión ayudó a construir una identidad reconocible. Gipuzkoa Basket conquistó la Copa Princesa tras vencer al Valladolid en la final y completó una gran temporada que terminó con un nuevo ascenso a la ACB.
La apuesta por el ADN guipuzcoano se convirtió desde entonces en una de las líneas que marcarían el futuro del proyecto. La siguiente temporada, sin embargo, estuvo condicionada por la pandemia. El baloncesto se encontró con una realidad desconocida: partidos a puerta cerrada, restricciones y unas dificultades económicas que afectaron a toda la competición. El equipo compitió hasta el final, pero no logró mantenerse en la ACB.
Ser la casa común del baloncesto guipuzcoano
El descenso no modificó la dirección que el club quería tomar. Al contrario, sirvió para profundizar en una idea que ya estaba presente desde los orígenes: Gipuzkoa Basket debía ser algo más que un primer equipo profesional. Debía aspirar a convertirse en la casa común del baloncesto guipuzcoano.
El club reforzó su apuesta por los jugadores y entrenadores del territorio, alcanzó un acuerdo histórico con el Easo y estableció convenios de colaboración con diferentes clubes de Gipuzkoa. La intención era clara: construir una estructura que conectara la base del baloncesto guipuzcoano con su principal proyecto profesional.
En la temporada 21/22, seis jugadores de Gipuzkoa formaban parte de la dinámica del primer equipo. Deportivamente, Gipuzkoa Basket consiguió clasificarse para el play-off y protagonizó una destacada eliminatoria de cuartos de final ante el Básquet Coruña, tercer clasificado de la Liga regular. El equipo llegó después a la Final Four y compitió hasta el final ante el San Pablo Burgos. El ascenso se escapó, pero el proyecto seguía avanzando.
Un nuevo capítulo junto a Askatuak
La historia reciente añadió después un elemento que conecta directamente el presente con el pasado del baloncesto donostiarra. En 2023, Askatuak y Gipuzkoa Basket alcanzaron un acuerdo para iniciar una nueva etapa de colaboración después de más de dos décadas de caminos separados. La unión permitió recuperar simbólicamente uno de los nombres fundamentales de la historia del baloncesto guipuzcoano y reforzó la idea de construir un proyecto común.
Askatuak, que celebró sus 50 años de historia, representa la memoria de una época en la que Donostia compitió en Europa y en la máxima categoría del baloncesto estatal. Gipuzkoa Basket representa, por su parte, los últimos 25 años de un proyecto que ha llevado a Gipuzkoa a la ACB en varias ocasiones y que ha vivido algunos de los momentos más importantes del baloncesto reciente en el territorio. Ambas historias, hoy, vuelven a encontrarse.
Un nuevo capítulo junto a Askatuak 25 años mirando hacia delante
El 13 de septiembre, el partido de Askatuak Gipuzkoa ante el Movistar Estudiantes en el Polideportivo José Antonio Gasca tendrá un significado especial. Será una oportunidad para celebrar el camino recorrido, recordar algunos de los momentos que han marcado la historia del club y poner en valor un proyecto que cumple 25 años. Pero un aniversario no es solamente una mirada al pasado.
Gipuzkoa Basket nació con la voluntad de devolver al baloncesto guipuzcoano el lugar que merecía. Durante este cuarto de siglo ha conocido ascensos, descensos, éxitos deportivos y momentos muy difíciles. Ha jugado en Illunbe y en el Gasca. Ha conquistado ascensos y una Copa Princesa. Ha disputado la Copa del Rey y ha llegado a competir en el play-off de la ACB. Sobre todo, ha conseguido mantenerse.
Veinticinco años después, el reto continúa siendo construir un proyecto capaz de representar a Gipuzkoa y de unir a su alrededor al mayor número posible de personas, clubes y generaciones vinculadas al baloncesto. La historia de Askatuak Gipuzkoa no ha sido un camino sencillo. Probablemente tampoco podía serlo. Pero el objetivo que dio origen al proyecto sigue vigente: ser la casa común del baloncesto guipuzcoano.
