Un castigo excesivo en El Molinón para un Sanse valiente

La Real Sociedad B se fue de El Molinón con una derrota que duele más por cómo terminó el partido que por lo que fue durante muchos minutos. El 1-0 ante el Sporting de Gijón deja esa sensación incómoda de haber estado cerca, de haber hecho lo suficiente en la segunda parte como para rascar algo, pero de haber pagado caro un detalle en un partido de márgenes mínimos.

El plan de Jon Ansotegi fue reconocible desde el inicio. Un 4-4-2 ordenado, sin volverse loco, con Egoitz Arana como punto de apoyo constante desde atrás, Jon Balda y Unax Larrañaga firmes en el eje y un centro del campo con Carbonell y Mikel dispuesto a correr mucho más que a lucirse. Arriba, Dadie y Carrera trataban de fijar y dar aire en cuanto aparecía una opción de salida. No era un planteamiento para dominar, sino para sostenerse… y esperar.

Y durante buena parte del primer tiempo, lo consiguió. El Sporting tenía más balón, por encima del 55%. Los asturianos movían la pelota con paciencia y acumulaban llegadas, pero no terminaban de romper al Sanse. Casi una decena de remates antes del descanso, varios entre los palos, para el Sporting, pero la sensación era más de insistencia que de superioridad real. Ahí apareció Arana, sobrio, sin alardes, respondiendo cuando tocaba, y una defensa que, con Balda especialmente atento (aunque viera amarilla), no perdió la cara en ningún momento.

Ese minuto que cambia todo

El problema fue el cuándo. Minuto 44. El descanso se olía en el vestusto campo gijonés y todo parece controlado, una acción mal cerrada en la frontal, un segundo de duda y Gaspar no perdona. Disparo limpio, ajustado, imposible para Arana. 1-0 y a vestuarios con esa sensación de que el trabajo se había ido en un detalle.

Hasta ahí, el Sanse había generado poco en ataque (algún intento lejano), pero estaba donde quería estar. El gol lo cambió todo, porque obligaba a dar un paso adelante. Y lo dio.

Otro Sanse tras el descanso

La segunda parte fue otra historia. Sin perder el orden, la Real Sociedad B empezó a soltarse. Ansotegi movió el banquillo con intención: Dani Díaz, Unax Agote, Jakes Gorosabel… piernas frescas, más profundidad, más atrevimiento. Y el equipo lo notó.

El balón empezó a circular mejor, Carbonell y Mikel encontraron más continuidad y el equipo, poco a poco, fue ganando metros. La posesión se equilibró hasta ese 52%-48% final, pero sobre todo cambió la sensación: el partido ya no era del Sporting. Era de quien se atreviera más. Y ahí el Sanse dio un paso adelante.

Llegaron las ocasiones. No en avalancha, pero sí lo suficiente como para creer. Dani Díaz probó desde la frontal, Dadie tuvo alguna acción dentro del área y los centros laterales empezaron a hacer daño.

Un final de esos que se quedan

El último cuarto de hora fue puro empuje. La Real Sociedad B metió al Sporting en su área, encadenó córners, segundas jugadas, balones colgados y ahí estuvo el partido. En una de esas, un centro acabó muerto en el área pequeña y la defensa local lo sacó como pudo, con el balón rondando el autogol. Fue esa jugada que, si entra, cambia todo. Pero no entró.

El Sporting, que había sido mejor al inicio, acabó pidiendo la hora. Y los txuri-urdinak, que habían ido creciendo sin hacer ruido, terminaron siendo el equipo que más creía.

Derrota, pero no cualquier derrota

El pitido final dejó caras largas, claro. Perder siempre fastidia. Pero también dejó algo más difícil de explicar: la sensación de que el equipo compitió de verdad. Que supo sufrir cuando tocaba, que no se rompió tras el gol y que acabó el partido mirando de tú a tú a un rival que se jugaba mucho.

Balda sostuvo atrás, Carbonell dio equilibrio cuando el equipo lo necesitó y Dani Díaz agitó el partido cuando más hacía falta. Y Arana, sin grandes gestos, volvió a ser ese portero fiable que te mantiene en el partido.

Le faltó el gol. Solo eso. Ese último toque, ese acierto que convierte un buen partido en un punto o en algo más. Pero si algo dejó claro la Real Sociedad B en Gijón es que está viva, que compite y que, cuando da ese paso adelante, es capaz de meter a cualquiera en su área. Aunque esta vez no alcanzara.