Cuatro veces campeón: la leyenda copera que nació en Irun

Durante las primeras décadas del siglo XX, cuando el fútbol todavía se abría paso entre descampados, viajes interminables en tren y reglamentos en construcción, el Real Unión Club escribió algunas de las páginas más brillantes de la historia de la Copa del Rey. Entre 1913 y 1927, el conjunto irundarra conquistó cuatro títulos que lo situaron en la élite del fútbol estatal y lo convirtieron en referencia del pujante balompié vasco.

1913: una final cerrada en Madrid

El primer gran éxito llegó el 16 de marzo de 1913. El Real Unión se impuso por 1-0 al Athletic Club en el madrileño Campo de O’Donnell, escenario habitual de las finales de la época. Fue un partido tenso, muy físico, decidido por un solitario gol anotado en la segunda mitad tras una jugada embarullada en el área rojiblanca.

Las crónicas de entonces destacaron la firmeza defensiva de los irundarras y la actuación del portero Emery, decisivo en varios despejes. En el centro del campo sobresalió la figura de Patricio Arabolaza, mientras que el tanto que dio la Copa al conjunto guipuzcoano fue celebrado como un símbolo del crecimiento futbolístico de Irun.

1918: triunfo con autoridad frente al Real Madrid

Cinco años más tarde, el club fronterizo volvió a levantar el trofeo tras derrotar 2-0 al Real Madrid CF en la final disputada nuevamente en O’Donnell. Aquel encuentro evidenció la evolución del Real Unión, ya convertido en un equipo compacto y con mayor riqueza táctica.

Los goles llegaron en la segunda parte, primero tras un remate cruzado de Legarreta y más tarde con un tanto que sentenció el choque tras una rápida transición ofensiva. René Petit, todavía joven pero ya influyente, manejó los tiempos del partido desde la medular, mientras que la defensa irundarra sostuvo sin excesivos apuros los intentos blancos.

1924: la Copa se queda en Atocha

La tercera conquista tuvo un marcado sabor vasco y se celebró el 13 de abril de 1924 en el donostiarra Estadio de Atocha. De nuevo el rival fue el Real Madrid, y de nuevo el Real Unión se impuso, esta vez por 1-0.

El partido resultó igualado y de ritmo elevado. El único gol lo firmó René Petit, que aprovechó un balón suelto en el área para batir al guardameta madrileño. Aquella tarde, el fútbol irundarra exhibió carácter competitivo y una notable capacidad para manejar los momentos decisivos. La prensa de la época subrayó el liderazgo de Luis Regueiro y la solidez del bloque defensivo como claves del triunfo.

1927: el último título en Zaragoza

El cuarto y último éxito copero llegó el 15 de mayo de 1927 en el aragonés Campo de Torrero, donde el Real Unión derrotó 1-0 al Arenas Club de Getxo en una final muy disputada entre dos potencias del fútbol vasco.

El tanto decisivo fue obra de Echeveste, que resolvió una acción rápida dentro del área mediada la segunda mitad. El encuentro estuvo marcado por la intensidad y por el excelente nivel de los porteros. En el conjunto irundarra destacaron, además del goleador, la dirección de juego de Regueiro y el trabajo incansable de la línea media, que supo contener las acometidas del Arenas en los minutos finales.

Más que títulos: una huella en la historia

Aquellas cuatro Copas del Rey consolidaron al Real Unión como uno de los clubes más influyentes del fútbol estatal en su etapa fundacional. Sus jugadores alimentaron la base de la selección estatal y contribuyeron a popularizar un deporte que, poco a poco, se transformaría en fenómeno de masas.

Hoy, lejos de aquellos escenarios y de aquellas multitudes que abarrotaban campos de tierra, el recuerdo de las finales de 1913, 1918, 1924 y 1927 sigue vivo en la memoria colectiva de Irun. Son historias de viajes, barro, rivalidades y goles decisivos. Historias de un tiempo en el que el Real Unión no solo competía: también ayudaba a construir el fútbol de Gipuzkoa.