La Roja vuelve a tocar el cielo con marcado acento txuri-urdin

España ya tiene su segunda estrella. Dieciséis años después del inolvidable triunfo de Johannesburgo, La Roja volvió a proclamarse campeona del mundo tras imponerse por 1-0 a Argentina en la final disputada en el estadio Nueva York/Nueva Jersey. Un gol de Ferran Torres en el minuto 106 de la prórroga decidió un encuentro de máxima exigencia y confirmó a la generación dirigida por Luis de la Fuente como una de las mejores de la historia del fútbol.

Para Gipuzkoa, el título tuvo un significado especial. Mikel Oyarzabal levantó la Copa del Mundo como capitán de la Real Sociedad y volvió a ser una de las referencias ofensivas de un equipo que dominó gran parte de la final. A su lado, Mikel Merino volvió a aportar equilibrio y experiencia en un torneo sobresaliente, mientras que Martín Zubimendi pudo, por fin, disputar sus primeros minutos en esta Copa del Mundo después de esperar durante todo el campeonato su oportunidad.

Oyarzabal lideró a una selección dominante

El combinado dirigido por Luis de la Fuente asumió el control desde el inicio. Rodri volvió a marcar el ritmo del partido, Lamine Yamal generó peligro constante por la banda derecha y Dani Olmo encontró espacios entre líneas para poner en dificultades a la vigente campeona del mundo.

Oyarzabal fue uno de los futbolistas más activos en la presión y en los movimientos ofensivos. El capitán realista obligó a Emiliano Martínez a intervenir con un potente disparo desde la frontal en la primera mitad y volvió a desempeñar un enorme trabajo sin balón, facilitando los espacios para las llegadas de los extremos y de los centrocampistas.

Argentina apenas pudo inquietar a Unai Simón durante los noventa minutos. Solo algunas conexiones entre Lionel Messi y Julián Álvarez pusieron a prueba a la defensa española, que volvió a mostrarse prácticamente inexpugnable.

Ferran encontró el premio en la prórroga

La resistencia argentina tuvo nombre propio durante buena parte del encuentro. Emiliano Martínez sostuvo con vida a la albiceleste con varias intervenciones decisivas ante Ferran Torres, Cubarsí, Dani Olmo, Laporte y un lanzamiento de falta de Lamine Yamal que parecía destinado a la escuadra.

Cuando todo apuntaba a una tanda de penaltis, La Roja encontró el premio que había merecido durante el partido. Nico Williams prolongó de cabeza un balón dentro del área y Ferran Torres apareció con oportunismo para empujar el balón a la red en el minuto 106 y desatar la celebración de miles de aficionados españoles desplazados a Estados Unidos.

Los últimos minutos fueron de madurez y control. La selección administró la ventaja con serenidad y apenas concedió opciones a Argentina antes del pitido final.

Merino volvió a responder y Zubimendi tuvo su recompensa

Entre los protagonistas de este campeonato también brilló Mikel Merino. El navarro, formado y consolidado en la Real Sociedad antes de iniciar una nueva etapa en la Premier League, volvió a completar una actuación de enorme sacrificio en la final y puso el broche a un Mundial en el que ya había resultado decisivo con sus goles frente a Portugal y Bélgica en las eliminatorias.

La alegría fue igualmente especial para Martín Zubimendi. El centrocampista donostiarra, que todavía no había participado en el torneo, recibió la confianza de Luis de la Fuente en los minutos finales de la final. Aunque su presencia sobre el césped fue breve, pudo contribuir a proteger la ventaja de La Roja y formar parte activa del momento más importante de la selección. Tras una larga espera, el canterano txuri-urdin también pudo celebrar desde dentro la conquista del Mundial.

Una generación para la historia

El título confirma el extraordinario momento del fútbol español. España iguala los dos Mundiales conquistados por Francia y Uruguay, supera a Inglaterra en el palmarés histórico y, además, logra un hito sin precedentes al convertirse en la primera nación que ostenta de forma simultánea el título mundial masculino y femenino.

Los números de este equipo ayudan a explicar la magnitud de su éxito. La selección cerró el torneo con siete victorias consecutivas, marcó catorce goles y únicamente recibió uno en todo el campeonato. Además, prolongó hasta los 38 partidos su racha invicta, un nuevo récord en el fútbol de selecciones.

También quedaron para la historia las actuaciones individuales. Rodri volvió a dominar el centro del campo con un récord absoluto de pases completados en una Copa del Mundo, Unai Simón firmó siete porterías a cero en ocho encuentros y Lamine Yamal, con solo 19 años, confirmó que ya es una de las grandes figuras del fútbol mundial.

Pero, en Gipuzkoa, la imagen que permanecerá grabada será otra. La de Mikel Oyarzabal levantando la Copa del Mundo como capitán de la Real Sociedad, acompañado por dos futbolistas que también dejaron una profunda huella en Zubieta, Mikel Merino y Martín Zubimendi. Tres nombres ligados al fútbol guipuzcoano que ya forman parte para siempre de la historia del deporte.