Durante décadas, la Real Sociedad fue sinónimo de orgullo, identidad y una forma única de entender el fútbol. Los títulos de Liga conquistados a comienzos de los años ochenta y la Copa del Rey de 1987 situaron al club entre los grandes del fútbol estatal, pero el cambio de siglo trajo consigo años de irregularidad. Salvo el inolvidable subcampeonato de la temporada 02/03, la entidad alternó campañas ilusionantes con otras marcadas por la inestabilidad deportiva, los problemas económicos y la ausencia de un proyecto capaz de consolidarse entre la élite.
Todo comenzó a cambiar hace poco más de una década. La Real Sociedad inició una transformación profunda que no solo le permitió regresar a las competiciones europeas de forma habitual, sino también convertirse en uno de los clubes mejor gestionados del continente. La apuesta decidida por Zubieta, la estabilidad institucional y una identidad futbolística muy definida han llevado al conjunto txuri-urdin a firmar uno de los periodos más brillantes de su historia reciente.
Del ascenso al nacimiento de un proyecto
El regreso a Primera División en la temporada 10/11 supuso mucho más que un ascenso. Después de tres campañas en Segunda División, la Real necesitaba recuperar la estabilidad perdida y reconstruir un equipo competitivo sin renunciar a su filosofía de cantera.
Las primeras temporadas sirvieron para consolidar al club en la máxima categoría. Futbolistas como Antoine Griezmann, Carlos Vela, Xabi Prieto, Iñigo Martínez, Claudio Bravo o Asier Illarramendi comenzaron a formar una plantilla capaz de competir frente a cualquier rival.
La campaña 12/13 marcó un antes y un después. Bajo la dirección de Philippe Montanier, la Real Sociedad finalizó cuarta en LaLiga con 66 puntos, su mejor clasificación liguera desde el subcampeonato de 2003. El equipo logró 18 victorias, ocho empates y solo 12 derrotas, anotó 70 goles y volvió a clasificarse para la Liga de Campeones diez años después. Aquella temporada devolvió la ilusión a Donostia y confirmó que el club estaba preparado para mirar de nuevo hacia Europa.
Zubieta, la mayor inversión de la Real Sociedad
Si existe un elemento que explica el crecimiento de la Real Sociedad durante la última década, ese es Zubieta. Mientras muchos clubes optaban por grandes inversiones en fichajes, la entidad donostiarra reforzó uno de los modelos de cantera más prestigiosos del fútbol europeo. La modernización de las instalaciones, la profesionalización de todas las categorías inferiores y una metodología común permitieron construir un camino continuo entre el fútbol base y el primer equipo.
El resultado ha sido extraordinario. Martín Zubimendi, Mikel Oyarzabal, Ander Barrenetxea, Jon Pacheco, Beñat Turrientes, Jon Aramburu o Pablo Marín representan una generación formada íntegramente en Zubieta que ha mantenido vivo el ADN del club. En numerosas jornadas de Liga, más de la mitad de los futbolistas titulares procedían de la cantera, una circunstancia cada vez menos habitual en el fútbol europeo y que convierte a la Real Sociedad en un modelo de referencia para muchas entidades.
Una identidad reconocible
La evolución del equipo no se entiende únicamente por los resultados. Durante la última década, la Real Sociedad ha desarrollado una personalidad futbolística muy definida. La presión alta, el protagonismo con balón, la apuesta por jugadores técnicamente dotados y la confianza en los futbolistas jóvenes han convertido al conjunto txuri-urdin en uno de los equipos más atractivos de LaLiga.
Entrenadores como Jagoba Arrasate, Eusebio Sacristán, Asier Garitano y, especialmente, Imanol Alguacil, fueron moldeando una idea que terminó consolidándose con el técnico oriotarra. Con Imanol, la Real alcanzó un equilibrio poco habitual entre competitividad, identidad y continuidad. El equipo pasó de luchar ocasionalmente por Europa a instalarse de manera habitual entre los seis primeros clasificados del campeonato.
La Copa que rompió una espera de 34 años
El 3 de abril de 2021 quedará para siempre en la memoria del realismo. Aunque la final se disputó sin público debido a la pandemia, la victoria por 1-0 frente al Athletic Club gracias al gol de penalti de Mikel Oyarzabal puso fin a una espera de treinta y cuatro años sin levantar un gran título.
La imagen del capitán levantando la Copa del Rey simbolizó mucho más que un trofeo. Representó el éxito de un proyecto construido con paciencia, una generación formada en casa y una filosofía que había resistido durante años frente a modelos mucho más poderosos económicamente. Seis años después, en el mismo escenario y ante otro equipo rojiblanco, el Atlético de Madrid, la Real volvía a levantar la Copa del Rey, consolidando a los txuri-urdin como uno de los mejores equipos de la década en este torneo.
Europa vuelve a ser una costumbre
Hasta hace pocos años, clasificarse para una competición europea era considerado un éxito extraordinario. Hoy la situación es muy distinta. Desde la temporada 19/20, la Real Sociedad se ha convertido en uno de los clubes más regulares, enlazando varias clasificaciones consecutivas para competiciones continentales y consolidándose entre los mejores equipos de LaLiga.
El regreso a la Liga de Campeones en la temporada 23/24 confirmó definitivamente el crecimiento del proyecto. El conjunto txuri-urdin superó la fase de grupos como primero, por delante de rivales como el Inter de Milán, el Benfica y el Red Bull Salzburg, demostrando que podía competir de tú a tú frente a algunos de los mejores clubes del continente.
Anoeta también cambió la historia
La transformación no se produjo únicamente sobre el césped. La remodelación del estadio de Anoeta eliminó definitivamente las pistas de atletismo y acercó las gradas al terreno de juego, convirtiendo el recinto en un estadio mucho más moderno y con un ambiente mucho más intenso.
La reforma incrementó la capacidad hasta superar los 39.000 espectadores y permitió generar nuevos ingresos comerciales sin perder la esencia de uno de los escenarios más emblemáticos del fútbol europeo. El nuevo Anoeta se ha convertido en uno de los grandes activos del club, tanto desde el punto de vista deportivo como económico.
Los números de una década extraordinaria
Los datos ayudan a comprender la magnitud del cambio. La Real Sociedad ha disputado competiciones europeas de manera recurrente, ha conquistado una Copa del Rey, ha alcanzado las fases eliminatorias de la Liga de Campeones, ha incrementado notablemente el valor de mercado de su plantilla y ha visto cómo numerosos futbolistas formados en Zubieta triunfaban con la selección española absoluta.
Al mismo tiempo, el club ha mantenido una situación económica estable, alejándose de los problemas financieros que marcaron etapas anteriores y situándose entre las entidades mejor gestionadas del fútbol continental.
Mucho más que un equipo de fútbol
La Real Sociedad ha conseguido algo que muy pocos clubes logran mantener con el paso de los años: crecer sin renunciar a su identidad. Mientras el fútbol europeo avanza hacia modelos cada vez más dependientes de grandes inversiones y propietarios extranjeros, el club donostiarra continúa construyendo su presente alrededor de la cantera, la estabilidad institucional y una conexión permanente con Gipuzkoa. Esa combinación ha permitido que la Real vuelva a codearse con la élite del fútbol sin perder aquello que siempre la ha distinguido.
Porque la última década no solo ha devuelto títulos y noches europeas a Donostia. Ha demostrado que un proyecto basado en la paciencia, la formación y la confianza en los jugadores de casa puede competir contra presupuestos muy superiores. La Real Sociedad no ha recuperado únicamente su lugar entre los mejores. Ha construido un modelo que hoy es admirado mucho más allá de Gipuzkoa.
