Mikel Merino lo ha vuelto a hacer. Igual que ocurrió hace dos años frente a Alemania en la Eurocopa, el excentrocampista de la Real Sociedad apareció cuando el reloj agonizaba para decidir una eliminatoria de máximo nivel. Su gol en el minuto 91 dio a La Roja el triunfo ante Portugal (0-1) y el billete para los cuartos de final del Mundial 2026, en un partido en el que Mikel Oyarzabal fue titular y Martín Zubimendi siguió el encuentro desde el banquillo sin llegar a participar.
Oyarzabal perdonó la primera gran ocasión
Luis de la Fuente mantuvo su apuesta por Oyarzabal como delantero centro. El capitán de la Real Sociedad dispuso de la primera oportunidad clara del encuentro apenas transcurridos siete minutos. Dani Olmo filtró un gran pase a la espalda de la defensa portuguesa, pero Diogo Costa ganó el mano a mano al atacante eibartarra, evitando el 0-1.
Fue una primera mitad muy equilibrada, con dos selecciones más preocupadas por no cometer errores que por asumir riesgos. España monopolizaba el balón, pero Portugal respondía con transiciones rápidas y también rozó el gol antes del descanso con un disparo de Nuno Mendes que, tras tocar en Pedro Porro, se estrelló en el larguero.
Merino cambió el partido
Con el paso de los minutos, La Roja fue inclinando el campo a su favor. Luis de la Fuente movió el banquillo y encontró la solución en dos de los suplentes. Ferran Torres dio profundidad al ataque y Mikel Merino, que había saltado al césped apenas unos minutos antes, volvió a demostrar un instinto impropio de un centrocampista.
En el minuto 91, tras una rápida acción iniciada en una falta, Ferran filtró un pase al espacio y Merino atacó el hueco con precisión para batir a Diogo Costa con un remate cruzado. El navarro evitó la prórroga y volvió a convertirse en el héroe de España en una gran competición.
No es una casualidad. El exrealista ya decidió los cuartos de final de la Eurocopa 2024 con aquel recordado cabezazo frente a Alemania en el minuto 119 y ahora ha repetido la historia en el Mundial.
«Lo vi claro»
Tras el encuentro, Merino explicó cómo había interpretado la jugada incluso antes de entrar al terreno de juego: «Lo ves claro desde que calientas, cuando sales al campo tienes una idea de dónde puedes hacer daño. Entendiendo a quién fijar y a quién no. A pesar de que no es mi fuerte atacar en el espacio, lo vi claro».
El internacional navarro también dejó una imagen cargada de simbolismo al recordar la víspera de San Fermín: «Encima jugábamos de blanco y rojo, estaba escrito que me tocaba en San Fermín. No sé qué tiene que me ayuda».
Sus palabras reflejan además todo el camino recorrido para llegar al Mundial después de la lesión en el pie que puso en serio peligro su presencia en la cita: «Se te va la mente, los recuerdos a aquellas etapas duras donde pensaba que no sería parte del equipo… es parte del fútbol».
El reconocimiento de Rodri
La actuación de Merino recibió también el reconocimiento de sus compañeros. Rodri, elegido mejor jugador del partido, quiso poner el foco sobre el exfutbolista de la Real Sociedad: «Hay que reivindicar la figura de este jugador porque es impresionante».
Incluso aseguró que el premio individual debía haber sido para él: «Si sales con la actitud correcta, sales mejor jugador del partido. Yo se lo hubiese dado a él».
La Roja regresa así a los cuartos de final de un Mundial dieciséis años después y lo hace impulsada, una vez más, por un futbolista que ha convertido los grandes escenarios en su hábitat natural. Merino volvió a aparecer cuando más lo necesitaba su selección. Como en Stuttgart. Como tantas otras veces. Y España sigue soñando con la segunda estrella que, de llegar a conseguirse, sería de indudable color txuri-urdin.
