En marzo de 2016, el nombre de Iñigo Cervantes ocupaba un lugar privilegiado en el tenis español. Con apenas 26 años, el jugador de Hondarribia alcanzó el puesto 56 del ranking ATP, la mejor clasificación de toda su carrera. Era el séptimo español mejor situado del circuito y se había ganado un sitio entre los mejores jugadores del planeta tras una progresión constante que le llevó desde los torneos Futures hasta competir de tú a tú con la élite internacional.
Su irrupción no fue fruto de una temporada brillante aislada. Detrás había más de una década de trabajo, miles de kilómetros recorridos por el circuito Challenger y una determinación poco habitual para volver a empezar después de varias lesiones graves que incluso llegaron a dejarle fuera del ranking mundial.
Para muchos aficionados guipuzcoanos, Cervantes representó la posibilidad de que un tenista formado en casa pudiera consolidarse en el circuito ATP. Aunque esa consolidación nunca terminó de llegar, su trayectoria sigue siendo una de las más importantes que ha dado el tenis del territorio en las últimas décadas.
De Hondarribia al circuito profesional
Nacido el 30 de noviembre de 1989 en Hondarribia, Iñigo Cervantes creció en una familia estrechamente ligada al deporte. Su padre, Manuel Cervantes, fue portero profesional y defendió, entre otros, las camisetas de la Real Sociedad, Betis y Salamanca. Mientras muchos niños soñaban con convertirse en futbolistas, él eligió la raqueta.
Comenzó a jugar al tenis con seis años y muy pronto destacó en los campeonatos nacionales. Tras dar el salto al profesionalismo en 2009, comprendió la enorme dificultad de abrirse camino en un deporte donde apenas un centenar de jugadores puede vivir con estabilidad de la competición.
El circuito Challenger se convirtió en su auténtica universidad. Allí fue creciendo año tras año, acumulando experiencia y aprendiendo a competir prácticamente cada semana en países diferentes, muchas veces lejos de los focos mediáticos y con escasos márgenes económicos.
Las lesiones que estuvieron a punto de acabar con su carrera
Su primera gran irrupción llegó en 2012, cuando alcanzó el puesto 130 del ranking ATP. Todo apuntaba a que el salto definitivo estaba cerca, pero entonces aparecieron los problemas físicos.
Una lesión en el codo y dos operaciones de cadera frenaron en seco su progresión. La inactividad fue tan prolongada que llegó incluso a desaparecer de la clasificación mundial. Para muchos jugadores, una situación así supone el final de la carrera.
Sin embargo, Cervantes decidió empezar de nuevo desde abajo. Regresó a los torneos Futures, donde apenas se reparten puntos ATP y los premios económicos son mínimos. Aquella decisión marcaría el resto de su trayectoria.
El espectacular renacer de 2015
Pocas historias de superación resultan tan llamativas como la protagonizada por el guipuzcoano durante la temporada 2015. Ganó cuatro títulos Challenger (Ostrava, Marburg, Vicenza y las ATP Challenger Tour Finals), firmó un balance de 50 victorias y 20 derrotas y escaló 180 posiciones en apenas doce meses, pasando del puesto 252 al 72 del mundo. Aquella cifra de cincuenta triunfos en el circuito Challenger le situó entre los mejores registros de toda la temporada a nivel internacional.
Su tenis había alcanzado una enorme madurez. Dominaba especialmente sobre tierra batida, donde encontraba el tiempo necesario para construir los puntos desde el fondo de la pista y aprovechar una de sus principales virtudes: la regularidad.
El año en el que estuvo entre los mejores del mundo
La recompensa llegó en 2016. Después de superar varias rondas de gran nivel, alcanzó el puesto 56 del ranking ATP el 21 de marzo, la mejor clasificación de toda su carrera. Participó en los cuatro torneos del Grand Slam, disputó Masters 1000 como Indian Wells, Miami, Montecarlo o Roma y logró victorias frente a jugadores de enorme prestigio internacional.
Durante aquella temporada alcanzó además las semifinales del ATP 250 de São Paulo, su mejor resultado en un torneo del circuito principal, tras eliminar al argentino Federico Delbonis, campeón del torneo dos años antes. También llegó a la final del ATP de Buenos Aires en la modalidad de dobles junto al italiano Paolo Lorenzi.
Aunque nunca consiguió levantar un título ATP, muy pocos tenistas españoles de su generación lograron instalarse durante varios meses dentro del Top-60 mundial.
La realidad del tenis profesional
Los números de Cervantes ayudan a comprender la dureza del tenis profesional. Disputó 49 partidos individuales en el circuito ATP, con un balance de 17 victorias y 32 derrotas. En los torneos Challenger acumuló 135 triunfos por 99 derrotas y conquistó seis títulos a lo largo de su carrera. Sus premios económicos superan los 1,17 millones de dólares, una cifra importante que, sin embargo, debe analizarse teniendo en cuenta los elevados gastos que supone competir durante todo el año: entrenadores, fisioterapeutas, viajes, hoteles y desplazamientos.
El tenis es probablemente uno de los deportes individuales más exigentes desde el punto de vista económico. Solo los jugadores instalados de forma permanente entre los mejores del mundo consiguen una estabilidad financiera real.
Una trayectoria que merece ser recordada
Quizá Iñigo Cervantes no levantó un gran trofeo ATP ni ocupó portadas durante años. Sin embargo, su carrera representa mucho más que un ranking.
Fue capaz de reconstruirse después de lesiones que parecían definitivas, regresó desde el anonimato del circuito Futures hasta situarse entre los 60 mejores tenistas del planeta y llevó el nombre de Hondarribia y de Gipuzkoa a las pistas más importantes del mundo.
En una época dominada por leyendas como Novak Djokovic, Rafael Nadal, Roger Federer o Andy Murray, abrirse un hueco entre los mejores ya era, por sí solo, una hazaña.
