Un mal segundo periodo condena a Gipuzkoa Basket en Melilla

El Gipuzkoa Basket sale tocado de su visita al Melilla Baloncesto (73-54), en un partido que se torció demasiado pronto y que nunca llegó a encontrar cómo enderezar. No ha sido solo la derrota, sino la sensación constante de ir a remolque, de no poder agarrarse al partido en ningún momento.

El primer cuarto (21-17) aún dejó margen para la esperanza. Los de Sergio García competían, con Tanor Ngom asumiendo protagonismo ofensivo desde el inicio y sosteniendo al equipo con 21 puntos al final del encuentro. Pero aquella resistencia inicial se diluyó rápidamente.

El segundo cuarto que lo rompió todo

Ahí estuvo la clave. El segundo parcial (20-8) fue un golpe casi definitivo. El GBC se quedó sin anotación, atascado en ataques largos y sin claridad, mientras Melilla aprovechaba cada pérdida para correr y castigar. El 41-25 al descanso ya reflejaba una brecha importante y, sobre todo, una dinámica preocupante.

En ese tramo, ni Jarel Tate (10 puntos) ni Giorgi Korsantia (11 puntos) lograron dar continuidad ofensiva. Fueron chispazos aislados en medio de demasiados minutos de desconexión colectiva. El equipo no encontraba tiros cómodos, ni ritmo, ni soluciones desde el banquillo.

Un intento de reacción sin continuidad

Tras el descanso, los donostiarras mostraron una leve mejoría. El tercer cuarto (13-16) fue el único tramo en el que logró imponerse, con más actividad defensiva y algo más de acierto. Ansorregui (6 puntos) y Mikel Motos intentaron sumar y dar aire al equipo, pero la desventaja acumulada era demasiado grande.

Cada vez que Gipuzkoa Basket parecía acercarse, Melilla respondía. Los locales manejaban mejor los tiempos del partido, con aportaciones repartidas: Iván Cruz (14 puntos) dominando cerca del aro, Ares (12 puntos) aportando desde el exterior y Hoover (10 puntos) castigando en momentos clave.

Sin capacidad de remate

El último cuarto (19-13) terminó de confirmar lo que ya era evidente. El GBC no tenía continuidad suficiente como para pelear el partido hasta el final. Más allá de Ngom, que sostuvo al equipo con sus 21 puntos, faltaron más voces, más presencia, más acierto.

Los números lo explican bien: solo tres jugadores superaron los dobles dígitos en anotación entre ambos equipos por parte visitante, y el resto del grupo no logró acompañar. La diferencia en el marcador final no fue casualidad, sino el reflejo de un partido en el que Gipuzkoa fue siempre por detrás.

Una derrota que deja huella

Hay derrotas que pasan rápido y otras que obligan a pensar. Esta es de las segundas. Porque el problema no fue solo el resultado, sino la falta de respuestas durante demasiados minutos.

El equipo donostiarra tendrá que reconstruirse desde lo colectivo, recuperar fluidez ofensiva y, sobre todo, competir con mayor consistencia si quiere estar en el playoff de ascenso a la ACB. Tras esta derrota, el GBC se coloca en sexta posición, con 15 victorias y 11 derrotas. Todavía cuenta con un colchón de tres victorias ante el décimo clasificado pero es necesario que los pupilos de Sergio García retomen, cuanto antes, la senda del triunfo.