Un Oviedo físico y competitivo desafiará al GBC en el playoff

El playoff de ascenso a Primera FEB enfrentará al Gipuzkoa Basket contra uno de los equipos más sólidos y competitivos de la segunda vuelta: el Alimerka Oviedo Baloncesto. Ambos terminaron la liga regular con idéntico balance, 19 victorias y 13 derrotas, aunque el average particular y la quinta plaza final otorgaron al conjunto donostiarra el factor cancha.

Sobre el papel no parece una eliminatoria entre un quinto y un sexto clasificado cualquiera. Da la sensación de que enfrentará a dos equipos preparados para pelear hasta el final por la Final Four.

De un inicio irregular a convertirse en un rival peligrosísimo

El Oviedo llega al playoff después de una temporada con dos caras muy marcadas. El inicio fue como el del GBC: irregular, con derrotas contundentes ante Estudiantes (87-101), Leyma Coruña (87-72) o Cartagena (82-78), y también con dudas fuera de casa.

Sin embargo, el equipo de Javier Rodríguez fue creciendo con el paso de las jornadas hasta convertirse en un bloque muy competitivo, especialmente desde enero. Ganó en pistas de enorme exigencia como Fuenlabrada (71-92), Tizona (82-89) o Menorca (65-72), y cerró la fase regular enlazando triunfos importantes ante Zamora (90-80) y Ourense (70-74). En la segunda vuelta solo los grandes transatlánticos de la categoría lograron imponerse con claridad.

Un equipo físico, incómodo y muy estable

Los números ayudan a entender el perfil del equipo asturiano. Ha anotado 2.626 puntos, más que el Gipuzkoa Basket, y ha encajado 2.494, apenas cien más que el conjunto guipuzcoano. No es un equipo especialmente brillante en el ritmo alto, pero sí muy estable. Tiene capacidad para jugar ataques largos, cargar el rebote ofensivo y endurecer los partidos. Cuando consigue llevar el encuentro a un contexto físico suele sentirse cómodo. De hecho, varias de sus victorias importantes llegaron dejando al rival por debajo de los 75 puntos.

Townes y Parham, dos focos ofensivos constantes

Uno de los aspectos más peligrosos del Oviedo es la variedad de perfiles exteriores. Marques Townes es probablemente el jugador con más talento ofensivo de la plantilla. El escolta dominicano-estadounidense tiene capacidad para fabricarse tiros, romper desde el bote y asumir volumen en momentos calientes. A su lado aparece Gregory Parham II, otro generador capaz de alternar posiciones de base y escolta, con físico y puntos en las manos. Entre ambos sostienen gran parte de la producción ofensiva del equipo y son especialistas en castigar pérdidas o desajustes defensivos.

El base esloveno Dan Duscak aporta dirección y control, mientras que Calvin Hermanson representa el perfil clásico de alero tirador estadounidense, peligroso cuando encuentra continuidad desde el triple. El argentino Federico Copes añade tamaño y energía en las alas, y Raúl Lobaco y Pablo González Longarela completan una rotación exterior larga y agresiva. No es casualidad que Oviedo haya sido uno de los equipos más incómodos de defender durante muchos tramos del curso.

Juego interior duro y mucha versatilidad

Por dentro, el nombre más reconocible es Alonso Faure. El pívot alicantino de 2,08 ofrece presencia física, tamaño y juego cerca del aro, aunque el Oviedo no depende únicamente de él para dominar la pintura. Francis Nwaokorie aporta intensidad y rebote, Robert Cosialls abre la pista desde el cuatro y Daniil Shelist añade centímetros y versatilidad. Es un equipo que cambia mucho entre posiciones interiores y que suele castigar bien los emparejamientos desfavorables.

El trabajo silencioso de Javier Rodríguez

El gran mérito de Javier Rodríguez ha sido construir un bloque reconocible sin necesidad de grandes estrellas mediáticas. El técnico gallego ha logrado que el equipo compita prácticamente cada semana y que no se descomponga cuando los partidos entran en escenarios igualados. Oviedo ha ganado numerosos finales apretados durante el curso: en Alicante por un punto (88-89), ante Ourense por dos (75-73), frente a HLA Alicante por dos más (76-74) o en Cantabria por ocho tras un partido muy físico (79-87). Es un equipo que suele mantenerse vivo hasta el último cuarto.

Un club consolidado en el baloncesto FEB

Además, Oviedo llega al playoff con una experiencia competitiva importante acumulada durante la última década. El club asturiano lleva asentado desde 2013 en la antigua LEB Oro y se ha convertido en uno de los proyectos más estables de la categoría. Ganó la Copa Princesa en 2017, ha disputado varias fases de ascenso y durante años convirtió Pumarín en uno de los pabellones más difíciles del baloncesto FEB. Aunque actualmente juega en el Palacio de los Deportes, la identidad competitiva sigue siendo la misma: intensidad, presión ambiental y partidos incómodos para cualquiera.

El Oviedo Club Baloncesto, además, ha conseguido consolidar un modelo de crecimiento muy poco habitual en el baloncesto estatal. Fundado en 2004, el club celebra más de veinte años de historia con una estructura de cantera potente, más de 400 jugadores y jugadoras y 25 equipos de formación. La sensación es la de un club que ha sabido crecer sin perder identidad y que se ha convertido en referencia del baloncesto asturiano.

Los precedentes anticipan una serie muy física

Para el Gipuzkoa Basket, la eliminatoria exigirá seguramente su mejor versión defensiva. En los dos precedentes ligueros hubo reparto de victorias. Oviedo ganó en Pumarín por 90-71 en marzo, en uno de los peores partidos del conjunto donostiarra en toda la temporada, mientras que el GBC se impuso en Illunbe por 74-69 en enero en un encuentro mucho más cerrado y físico. Ese doble precedente deja claro el tipo de serie que se avecina: pocos regalos, mucho contacto y partidos probablemente decididos en detalles.

Un playoff sin margen de error

El calendario tampoco dará tregua. Los cuartos de final arrancarán en Donostia el 14 o 15 de mayo y podrían alargarse hasta un quinto partido, que se jugaría en el Gasca, el 28 o 29. Después esperará la Final Four del 6 y 7 de junio. En un playoff tan corto, la experiencia competitiva, la profundidad de plantilla y el control emocional suelen marcar diferencias.