El Arsenal jugará la final de la Champions League por segunda vez en su historia tras derrotar 1-0 al Atlético de Madrid en un Emirates Stadium convertido en una caldera. Un gol de Bukayo Saka al borde del descanso decidió una semifinal áspera, tensa y de enorme exigencia táctica que confirmó el crecimiento definitivo del proyecto dirigido por el donostiarra Mikel Arteta.
Veinte años después de aquella final perdida ante el Barcelona en París, el conjunto londinense regresará al último escalón continental con un marcado sello txuri-urdin: el propio Arteta en el banquillo, Mikel Merino lesionado pero integrado en la dinámica del equipo, Martin Odegaard como uno de los líderes futbolísticos del vestuario y el nombre de Martín Zubimendi sobrevolando ya el futuro inmediato del club inglés.
Un Arsenal maduro y sin fisuras
La eliminatoria llegaba completamente abierta tras el 1-1 de la ida en el Metropolitano, pero el Arsenal transmitió desde el inicio una sensación de madurez competitiva muy superior a la de temporadas anteriores. El Atlético apenas encontró espacios durante la primera mitad y sobrevivió gracias a Jan Oblak hasta el minuto 44. Entonces apareció la jugada que cambió la noche.
William Saliba rompió líneas con un pase preciso hacia Viktor Gyokeres, el delantero sueco ganó la acción ante la salida del portero rojiblanco y habilitó a Leandro Trossard. El disparo del belga fue rechazado por Oblak, pero Saka leyó antes que nadie el rebote para empujar el 1-0.
El Emirates explotó. La grada londinense llevaba toda la noche jugando su propio partido y el equipo respondió alimentándose de esa energía. «Es una de las mejores noches de mi carrera», confesó Arteta después del encuentro. «La manera en la que los aficionados recibieron al equipo fuera del estadio fue única. Nunca había visto algo así». El técnico guipuzcoano insistió varias veces en el peso emocional de la clasificación: «Después de veinte años y solo por segunda vez en nuestra historia, estamos otra vez en una final de Champions».
La resistencia definitiva ante el Atlético
El Atlético dio un paso adelante tras el descanso, obligado por el marcador y por la sensación de que la eliminatoria se le escapaba lentamente. Giuliano Simeone tuvo la mejor ocasión visitante después de un error de Saliba, pero Gabriel salvó bajo presión con una entrada extraordinaria cuando el argentino ya había superado a David Raya. Antoine Griezmann también obligó al guardameta español a intervenir y Alexander Sorloth desperdició otra oportunidad clara en el tramo final.
Sin embargo, el Arsenal sostuvo el resultado con una autoridad impropia de un equipo que llevaba dos décadas sin pisar una final europea. Solo concedió dos disparos a puerta en todo el partido y volvió a exhibir la mejor defensa del torneo. Los números explican la dimensión de la campaña: 14 partidos en Champions, 11 victorias, tres empates y ninguna derrota. Ningún otro equipo había alcanzado una final moderna del torneo manteniéndose invicto durante tantos encuentros.
El trabajo colectivo volvió a tener acento conocido para la afición de la Real Sociedad. Odegaard manejó los tiempos con naturalidad, mezclando pausa y agresividad en la presión, mientras Merino (ausente por lesión) siguió cada minuto desde el banquillo como uno más. En Londres saben además que Zubimendi continúa siendo uno de los grandes objetivos de futuro para reforzar el centro del campo. El vínculo entre el Arsenal y Gipuzkoa es cada vez más evidente.
Budapest espera
La clasificación confirma además el mejor curso europeo de la historia reciente del club londinense. El Arsenal suma ya 42 victorias esta temporada, récord absoluto de la entidad, y alcanza la final tras eliminar a un Atlético experto en este tipo de escenarios. Arteta, que llegó al club en uno de los momentos más delicados de su historia reciente, ha convertido al equipo en un aspirante real a todo. «Ahora tenemos que mantener este nivel porque es lo mínimo que debe exigir un club grande», aseguró el técnico.
El rival en la final saldrá del duelo entre el Paris Saint-Germain y el Bayern de Múnich, pero en el norte de Londres ya nadie esconde la ambición. El Arsenal está a un solo partido de conquistar la primera Copa de Europa de su historia. Y buena parte de esa transformación lleva firma guipuzcoana.

