Etxeondo cumple este año medio siglo de vida. La empresa nació en 1976 en un caserío de Amasa-Villabona, en Gipuzkoa, y hoy vende ropa de ciclismo en más de 30 países, mantiene la producción en nuestro herrialde y viste a equipos del pelotón profesional internacional. En el camino ha construido una marca asociada a la fabricación de alta gama y ha convertido el origen guipuzcoano en parte de su identidad comercial.
No es una empresa que haya llegado al mercado internacional a través de una gran campaña de marketing. Su expansión se ha apoyado durante décadas en el producto, el ciclismo profesional y una estrategia poco habitual en el sector: mantener bajo control buena parte del proceso de fabricación. Etxeondo diseña y fabrica sus prendas en sus propias plantas en Euskal Herria y distribuye actualmente sus productos a más de 30 países. En 2023 contaba con alrededor de 300 puntos de venta en todo el mundo.
La dimensión internacional contrasta con sus orígenes. Paco Rodrigo y María Jesús Uranga comenzaron estampando diseños textiles en el caserío Etxeondo. Ambos se habían formado en Subijana, una histórica fábrica textil de Villabona vinculada a la tradición de la alta costura y que había trabajado con nombres como Balenciaga, Dior, Chanel o Givenchy. De aquel aprendizaje nació una empresa que inicialmente no tenía el ciclismo como actividad principal.
La bicicleta cambió el negocio
El giro llegó a finales de los años setenta. Paco Rodrigo comenzó a practicar ciclismo y detectó que la ropa que utilizaban los aficionados tenía mucho margen de mejora. Los pesados tejidos de lana utilizados entonces ofrecían problemas evidentes de peso, transpirabilidad y comodidad. Etxeondo encontró ahí un espacio para innovar.
En 1979 comenzó a vestir al equipo aficionado Danena y poco después decidió concentrar su actividad en el ciclismo. La empresa empezó a experimentar con tejidos elásticos, ligeros y aerodinámicos y, en 1983, dio el salto al profesionalismo con Zor y Reynolds. Fue un momento decisivo: Etxeondo contribuyó a acelerar la sustitución de la lana por la lycra en el pelotón.
Aquel primer salto internacional llegó acompañado de resultados deportivos. Reynolds terminó segundo en el Tour de Francia de 1983 con Ángel Arroyo y Etxeondo comenzó a aparecer junto a algunos de los principales nombres del ciclismo de la época. La marca acabaría trabajando con corredores como Pedro Delgado, Sean Kelly y Miguel Indurain. Según la propia empresa, sus prendas han acompañado a cientos de corredores y han estado presentes en las grandes vueltas y clásicas desde 1983.
La relación con Indurain tiene además una dimensión especialmente simbólica. El navarro ganó cinco Tours consecutivos entre 1991 y 1995 vistiendo ropa de Etxeondo durante buena parte de aquella etapa, mientras la marca también estuvo vinculada a equipos como Reynolds, KAS, ONCE y posteriormente Euskaltel-Euskadi.
Del maillot naranja al pelotón mundial
Etxeondo y el ciclismo vasco han mantenido una relación particularmente estrecha. La marca fue responsable de la ropa del proyecto Euskadi desde 1994 y continuó con Euskaltel-Euskadi tras la entrada de la compañía telefónica como patrocinador en 1997.
En 2000 diseñó el conocido maillot naranja del equipo, una prenda que terminó convirtiéndose en uno de los símbolos más reconocibles del ciclismo vasco. La llamada «marea naranja» acompañó a los corredores en el Tour de Francia y en las principales carreras internacionales. Etxeondo también estuvo vinculada al proyecto Euskaltel-Euskadi en su regreso entre 2018 y 2024.
Pero la estrategia de la empresa no se quedó en Euskal Herria. Durante la década de 2010 llegó una etapa de internacionalización más intensa, con acuerdos con equipos como Rabobank, Belkin, Giant-Shimano y Sunweb. La compañía pasó a tener presencia en más de 30 países y empezó a competir directamente en el segmento internacional de ropa ciclista de alta gama.
Uno de los grandes nombres de esa etapa fue Tom Dumoulin. Etxeondo desarrolló para el neerlandés prendas específicas para contrarreloj y estuvo vinculada a algunos de sus mayores éxitos, incluido el Giro de Italia de 2017. En 2018 protagonizó además uno de los episodios que mejor explican la relación entre la empresa y el ciclismo profesional: cuando Dumoulin perdió su buzo aerodinámico antes de una contrarreloj del Tour, los trabajadores de Etxeondo llegaron a fabricar otro ejemplar en tiempo récord. La prenda original había requerido meses de trabajo y pruebas aerodinámicas.
El producto como principal argumento
La estrategia empresarial de Etxeondo se entiende mejor mirando sus productos que sus campañas publicitarias. La empresa compite en un segmento premium y concentra buena parte de su propuesta de valor en el patronaje, los tejidos, las badanas y el control del proceso de fabricación.
Uno de sus productos más conocidos es el culote Orhi. La propia compañía lo definió como su producto de mayor venta en una guía de 2022. La familia Orhi se ha mantenido en catálogo y ha evolucionado hacia diferentes versiones y tecnologías. Actualmente existe, entre otras variantes, el Orhi Performance y el Orhi Dinamic.
La importancia comercial del Orhi resulta significativa porque representa exactamente el posicionamiento de Etxeondo: un producto técnico de gama alta que intenta trasladar al consumidor las soluciones desarrolladas en el ciclismo profesional. En la colección de invierno, la propia marca identifica además la chaqueta Dena como una de sus prendas best-seller, mientras que los culotes Orhi en sus versiones Dyneema, Hydro y Thermo son presentados como referencias consolidadas dentro del mercado ciclista.
En su catálogo actual, los precios muestran también dónde está situada la marca. Un Orhi Thermo ronda los 343 euros en la web oficial, mientras que el Orhi Dinamic se sitúa alrededor de los 388 euros. Las chaquetas técnicas de gama Pro superan en varios casos los 300 euros. No se trata, por tanto, de competir por precio, sino por prestaciones, fabricación, durabilidad y posicionamiento.
Fabricar en Euskal Herria como ventaja competitiva
Hay una característica especialmente relevante desde el punto de vista empresarial: Etxeondo afirma que diseña y fabrica sus prendas íntegramente en Euskal Herria, en sus propias plantas, algo que la compañía considera una excepción dentro del sector. La producción se articula entre sus instalaciones de Gipuzkoa y Castejón, en Navarra, mientras Irura concentra funciones de diseño, desarrollo, distribución y comercialización.
La sede de Irura se ha convertido además en un punto estratégico para su expansión internacional. En 2023 la empresa anunció una ampliación de su capacidad logística con un almacén europeo de 550 metros cuadrados. Según Estrategia Empresarial, aquel espacio multiplicaba por diez la capacidad de almacenamiento anterior y aumentaba un 30% la superficie destinada a esa actividad. El objetivo era centralizar desde Gipuzkoa la distribución europea, tanto para el canal online como para el B2B. En aquel momento Etxeondo contaba con unos 300 puntos de venta en todo el mundo.
La apuesta por controlar la fabricación también resultó especialmente útil durante la pandemia. Mientras otras marcas dependientes de proveedores situados a miles de kilómetros tuvieron problemas para reponer producto, Etxeondo pudo reaccionar desde sus propias instalaciones. La bicicleta experimentó entonces un fuerte crecimiento y la compañía recibió un volumen extraordinario de pedidos online.
El salto digital multiplicó el negocio
La transformación digital se convirtió en otra pieza importante de la estrategia. La expansión internacional había creado una paradoja: Etxeondo empezaba a tener demanda en mercados como Países Bajos, pero no siempre disponía de suficientes puntos de venta físicos para atenderla.
La solución fue desarrollar el canal directo. Un caso estudiado por la agencia digital LIN3S muestra la magnitud del cambio: durante una campaña de 2020, el negocio digital multiplicó por 5,5 su facturación y la base de clientes se multiplicó por 7. En Países Bajos, la facturación creció un 598% respecto a 2019. Son datos de ese proyecto concreto, no de la facturación total de la empresa, pero permiten observar el impacto que tuvo el comercio electrónico en la expansión internacional de la marca.
La internacionalización tampoco significa abandonar la distribución física. Etxeondo mantiene una red de alrededor de 300 puntos de venta y continúa utilizando el ciclismo profesional como escaparate tecnológico y de marca.
Cofidis y el regreso al pelotón internacional
Ese vínculo con la competición profesional continúa actualmente. En 2025 Etxeondo inició un acuerdo de dos años para vestir al Cofidis Team, formación del WorldTour. La empresa no se limita a suministrar la equipación: participa también en su diseño y desarrollo. Para el maillot de 2025, el equipo de Cofidis trasladó sus colores corporativos y Etxeondo tuvo libertad para desarrollar la propuesta estética.
La marca mantiene además su relación con el Kern Pharma, cuya equipación sigue formando parte de su catálogo comercial para aficionados. Y en 2026 ha vuelto a poner el acento en sus raíces vascas, vinculándose de nuevo a proyectos como el nuevo Euskaltel-Euskadi. La propia compañía resume esta estrategia con una idea clara: mantener las raíces en Gipuzkoa mientras abre las ramas al mercado internacional.
Una marca que vende identidad además de ropa
Hay otro activo empresarial difícil de medir en una cuenta de resultados: el valor de la marca. Etxeondo ha conseguido que su procedencia forme parte del producto. El nombre procede del caserío en el que comenzó la actividad y su logotipo, diseñado por el artista Vicente Ameztoy, representa un tradicional almiar vasco. La empresa nunca optó por esconder ese origen para facilitar su internacionalización.
La filosofía continúa siendo la misma que defendían sus fundadores: producto antes que volumen. La compañía habla de control de calidad, materiales, proveedores, patronaje y fabricación como elementos centrales de su propuesta. También mantiene una estructura familiar y un modelo de producción propio.
En 2026, con 50 años de historia, Etxeondo se encuentra además ante un relevo generacional. Patxi y Amaia Rodrigo están tomando el testigo de una empresa que ha pasado de un pequeño taller en un caserío de Villabona a una marca presente en más de 30 países.
50 años después
La historia empresarial de Etxeondo no es la de una startup que creció a golpe de financiación ni la de una multinacional que trasladó su producción a mercados de bajo coste. Es casi lo contrario: una empresa familiar guipuzcoana que ha construido su internacionalización alrededor de un producto especializado, la fabricación propia y una relación de cuatro décadas con el ciclismo profesional.
Su escala actual se puede medir en algunos datos: 50 años de historia, presencia en más de 30 países, unos 300 puntos de venta, producción propia y local y acuerdos con equipos profesionales internacionales. La facturación actual exacta no es pública en las fuentes abiertas consultadas, por lo que no sería riguroso atribuirle una cifra concreta.
Lo que sí resulta evidente es la transformación del negocio. Etxeondo comenzó estampando camisetas y pañuelos en un caserío de Amasa-Villabona. Hoy vende culotes de casi 400 euros, viste a un equipo WorldTour como Cofidis, mantiene una red internacional de distribución y utiliza el mismo origen guipuzcoano que hace medio siglo como parte de su posicionamiento. Ese es probablemente el principal valor empresarial de Etxeondo: haber convertido fabricación, conocimiento técnico, ciclismo profesional y origen guipuzcoano en una misma marca comercial.
