Astore: la marca que vistió al deporte vasco y terminó en La Rioja

Durante décadas, el logotipo de Astore formó parte del paisaje deportivo del territorio. Aparecía en las camisetas de la Real Sociedad, en las equipaciones del Eibar y del Bidasoa, junto a la Euskal Selekzioa, en el baloncesto del Baskonia y en las prendas de los pelotaris. También llegó mucho más lejos: a competiciones internacionales, al ciclismo y hasta a la selección de fútbol de Corea del Norte.

Ahora, casi cuatro décadas después de su nacimiento en Arrasate, la histórica marca guipuzcoana afronta una nueva etapa. En marzo de 2026 fue adquirida por Oxium, sociedad vinculada al grupo riojano Más por Menos, por 60.000 euros. La operación cerró el concurso de acreedores de Ternua Group y ha dejado en manos riojanas el futuro de una de las marcas deportivas más reconocibles surgidas en Gipuzkoa.

Una tienda de deportes como punto de partida

La historia de Astore empieza dos años antes de que apareciera la marca. En 1986, los hermanos Uribesalgo pusieron en marcha en Arrasate una tienda de deporte llamada Arrasate Kirolak. La iniciativa nació de una combinación muy guipuzcoana de afición al deporte, espíritu industrial y necesidad de resolver problemas prácticos.

Los hermanos comprobaron pronto que los clubes locales necesitaban equipaciones y que los proveedores no siempre respondían con la calidad, los plazos o la flexibilidad que demandaban. La solución fue fabricar ellos mismos aquello que no encontraban en el mercado. En 1988 nació Astore.

Edu Uribesalgo, uno de los fundadores, ha explicado que los primeros pasos fueron casi artesanales. Diseñaron sus primeras prendas sin experiencia previa en moda y las fabricaron inicialmente en Barcelona. La falta de peso comercial de una pequeña empresa de Arrasate hacía difícil conseguir proveedores y distribución. El problema acabó convirtiéndose en una oportunidad: si las grandes marcas no podían o no querían atenderles, ellos desarrollarían su propio producto.

La sociedad Import Arrasate se constituyó en 1989 y comenzó su actividad textil al año siguiente. Entre los impulsores estuvieron los hermanos Edu y Esteban Uribesalgo y Jesús Anduaga, junto al resto de la familia. La empresa apostó desde el principio por dotarse de capacidad industrial y tecnológica propia.

Incluso el nombre tenía una intención. Astore significa «azor» en italiano y respondía a la fascinación que entonces existía por la estética de las marcas deportivas italianas. El logotipo acabaría asociado durante años a una mezcla de deporte, identidad local y diseño técnico.

De la pelota vasca al resto del deporte

El primer gran territorio de Astore fue la pelota. La empresa encontró en los pelotaris un nicho que conocía bien y al que podía ofrecer prendas específicamente diseñadas para las exigencias de la competición. La apuesta funcionó. Astore pasó de vestir a pelotaris a fabricar ropa para prácticamente cualquier disciplina. Fútbol, balonmano, ciclismo, remo, baloncesto y otros deportes fueron incorporándose progresivamente a su cartera.

Uno de sus grandes escaparates fue la Real Sociedad. Astore vistió al club donostiarra durante buena parte de los años noventa y principios de los 2000, incluida la histórica temporada 02/03, cuando la Real terminó subcampeona de Liga. También estuvo vinculada al Eibar y al Bidasoa, mientras que en baloncesto apareció asociada a equipos como el Baskonia y Bilbao Basket.

La relación con la pelota fue todavía más prolongada. Los pelotaris de Aspe utilizaron Astore durante más de 25 años, desde 1998 hasta 2024. La marca se convirtió así en una presencia prácticamente permanente en los frontones. Y la expansión no terminó en Euskal Herria. Astore llegó a equipar a la selección de fútbol de Corea del Norte y estuvo presente en proyectos relacionados con el ciclismo, el remo y otros deportes.

El salto de la camiseta a la moda sport

El crecimiento de Astore coincidió con una transformación profunda de la ropa deportiva. El chándal dejó de ser exclusivamente una prenda para entrenar y comenzó a entrar en la vida cotidiana. Astore supo ocupar ese espacio.

La compañía había desarrollado conocimientos técnicos en tejidos, patronaje y fabricación que podía trasladar a prendas de uso diario. La frontera entre ropa deportiva y ropa urbana empezó a difuminarse y la marca vasca evolucionó desde las equipaciones hacia una propuesta más amplia de «sportswear».

No fue únicamente una cuestión estética. La empresa construyó buena parte de su identidad sobre conceptos como funcionalidad, resistencia, calidad y tecnicidad. Su experiencia trabajando para deportistas y cuerpos profesionales permitió desarrollar prendas destinadas a soportar condiciones exigentes.

Uno de los ejemplos más singulares fue la relación con la Ertzaintza. La compañía llegó a fabricar prendas técnicas para la policía vasca y uniformes para unidades antidisturbios, trabajando incluso con tejidos Gore-Tex. Aquella diversificación ayudó a convertir una pequeña empresa nacida en una tienda de deportes de Arrasate en un fabricante con capacidades industriales mucho más amplias.

De Astore a Ternua

La expansión empresarial dio otro paso decisivo en los años noventa. En 1994 nació Ternua, inicialmente vinculada a la actividad de Astore pero con una vocación diferente: conquistar el mercado de montaña y outdoor. La nueva marca terminó adquiriendo identidad propia y se convirtió con el tiempo en la enseña más internacional del grupo.

Astore siguió vinculada al deporte y al «sportswear», mientras Ternua se orientó hacia la montaña, la naturaleza y posteriormente la sostenibilidad. El grupo fue creciendo mediante nuevas operaciones y alianzas hasta incorporar Lorpen, especializada en calcetines técnicos de montaña.

En 2014 se constituyó Ternua Group con Astore, Ternua y Lorpen. El nuevo grupo arrancó con una facturación de unos 27 millones de euros, 175 trabajadores y presencia comercial en más de 50 países. Tres años después, el grupo alcanzaba los 37 millones de euros de ventas y operaba en medio centenar de países de Europa, América del Norte y Asia, con una plantilla de 175 personas. Era el momento de mayor dimensión empresarial de aquella aventura que había comenzado en una tienda de Arrasate.

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Una empresa familiar que quiso jugar en otra liga

La trayectoria empresarial también implicó cambios en la propiedad. Los hermanos Uribesalgo estuvieron al frente del proyecto durante sus primeras décadas, mientras que posteriormente fueron entrando otros socios y familias empresarias.

La operación con Lorpen fue especialmente relevante porque modificó la estructura accionarial de Import Arrasate. Las familias Uribesalgo y Anduaga habían impulsado originalmente el proyecto, pero la entrada de la familia Lasa acabó otorgándole una posición mayoritaria en el grupo. El objetivo era competir en un mercado cada vez más globalizado.

Astore había demostrado que una marca nacida en una pequeña localidad industrial podía hacerse un hueco entre las grandes enseñas deportivas. Pero las reglas del mercado estaban cambiando. La concentración de las multinacionales, la presión sobre los márgenes, la deslocalización de la producción y el crecimiento del comercio electrónico hicieron cada vez más difícil competir desde una estructura relativamente pequeña.

La crisis que acabó arrastrando al grupo

El desenlace llegó después de varios años complicados para el sector textil. Ternua Group cerró su último ejercicio con una facturación de 29,2 millones de euros, pero con resultados negativos y una deuda que distintas fuentes situaron en torno a los 16 millones de euros. El grupo presentó concurso voluntario de acreedores el 13 de junio de 2025. En aquel momento contaba con alrededor de 180 trabajadores.

La compañía atribuyó la situación al fuerte ajuste sufrido por el mercado textil internacional, acompañado de una caída del consumo y de una estructura de costes difícil de sostener. El problema no era exclusivamente de Ternua Group. El sector llevaba años sometido a una enorme presión: grandes multinacionales con capacidad de producción global, nuevas marcas digitales, cambios en los hábitos de consumo y una competencia creciente en precio.

La antigua empresa familiar de Arrasate se vio obligada a fragmentarse. Ternua terminó en manos de la cooperativa Diknua, vinculada a Mondragon, por 1,5 millones de euros. Loreak Mendian fue adquirida por Borobitex, un grupo formado por personas vinculadas a la propia marca, por 800.000 euros. Lorpen pasó a Artain25 por 400.000 euros. Astore quedó como la pieza más complicada del puzle.

Astore, al borde de desaparecer

Durante meses no apareció un comprador dispuesto a hacerse cargo de Astore. La marca tenía historia, reconocimiento y una fuerte vinculación territorial, pero el valor de una enseña no siempre coincide con el coste de mantener una estructura empresarial. A finales de 2025 llegó a retirarse la venta online de Astore ante la falta de compradores. El futuro de la marca parecía entonces especialmente incierto.

Finalmente, la situación empezó a desbloquearse. En enero de 2026, la empresa riojana Más por Menos adquirió el stock de Astore: unas 45.000 prendas. El movimiento permitió que el producto siguiera llegando a las tiendas mientras se resolvía la propiedad de la marca. Meses después llegó la operación definitiva.

60.000 euros por una marca histórica

La sociedad Oxium, vinculada a Más por Menos y con sede en Arnedo, adquirió finalmente Astore por 60.000 euros más IVA. La cifra resulta llamativa si se compara con la historia de la compañía. El administrador concursal había fijado inicialmente el valor de la marca en 150.000 euros, pero la adjudicación terminó cerrándose por 60.000. La operación se formalizó el 25 de marzo de 2026 en Bilbao y fue comunicada públicamente en junio.

Lo adquirido no fue la antigua estructura empresarial de Astore, sino fundamentalmente sus activos de marca: el logotipo y el dominio web. La operación culminó la liquidación de Ternua Group. El precio de la compraventa contrasta con las dimensiones que llegó a alcanzar el grupo. En 2014, Ternua Group facturaba 27 millones y empleaba a 175 personas; en 2017 había alcanzado los 37 millones de euros de ventas. Menos de una década después, la histórica Astore acababa cambiando de manos por 60.000 euros.

El último capítulo todavía está por escribir

La llegada de Oxium no significa necesariamente el final de Astore. Más bien abre una etapa completamente distinta. El grupo riojano está vinculado a Más por Menos, empresa con presencia comercial en Euskal Herria y otros territorios, y conoce el negocio de la ropa deportiva. La compra del stock y posteriormente de la marca apunta a una estrategia de continuidad, aunque el modelo de negocio que tendrá Astore todavía está por definir. La operación también tiene una dimensión territorial. Astore seguirá siendo una marca cuyo origen está inequívocamente ligado a Arrasate, aunque su propiedad haya viajado ahora unos kilómetros hacia el sur.

Durante casi 40 años, Astore ha recorrido un camino poco habitual: nació porque unos comerciantes de Arrasate no encontraban en el mercado las prendas que necesitaban sus clubes; se convirtió en fabricante; vistió a algunos de los principales equipos y deportistas del territorio; saltó al mercado internacional; participó en la transformación de la ropa deportiva en «sportswear»; formó parte de un grupo empresarial que llegó a facturar decenas de millones de euros y terminó entrando en concurso de acreedores.

Ahora, una empresa de Arnedo tiene en sus manos el nombre. El reto ya no es convertir una pequeña tienda en una marca deportiva. Es conseguir que una marca con casi cuatro décadas de historia vuelva a encontrar un lugar en un mercado que ha cambiado por completo. Astore nació en Arrasate mirando al deporte. Su siguiente capítulo dependerá de si consigue volver a encontrar un hueco entre el deporte, la moda y la identidad que la hicieron reconocible.