Gipuzkoa tiene una particularidad difícil de encontrar en otros territorios de su tamaño: prácticamente cualquier fin de semana del año ofrece una oportunidad para ponerse un dorsal, subirse a una bicicleta, entrar en el agua, recorrer un monte, remar, jugar a pelota o participar en alguna de las muchas manifestaciones del deporte popular.
El calendario oficial de pruebas deportivas de Gipuzkoa para 2026 refleja esa enorme diversidad. Atletismo, ciclismo, triatlón, montaña, natación, remo, pelota vasca, surf, piragüismo, herri kirolak y otras muchas disciplinas forman parte de una actividad deportiva que trasciende a los clubes federados y alcanza cada vez a más personas.
La imagen se repite durante todo el año. Carreteras cortadas para una carrera ciclista, calles llenas de corredores, montes ocupados por aficionados al trail, playas con pruebas de natación, pueblos convertidos durante unas horas en escenarios deportivos y frontones que recuperan su protagonismo. No es únicamente una cuestión deportiva. El fenómeno mueve personas, genera actividad económica y proyecta Gipuzkoa fuera de sus fronteras.
La Behobia como gran símbolo
Si existe una prueba capaz de explicar por sí sola la dimensión alcanzada por el deporte popular guipuzcoano, esa es la Behobia-San Sebastián. La 60 edición, celebrada en noviembre de 2025, reunió a 26.299 corredores en la línea de salida de los 27.981 inscritos. De ellos, 26.128 completaron los 20 kilómetros hasta el Boulevard donostiarra. La participación femenina alcanzó además un récord histórico: 8.943 mujeres, el 34% del total. Pero las cifras de la Behobia no terminan en los dorsales.
Según datos publicados con motivo de la edición de 2025, el impacto económico de la prueba en Gipuzkoa ronda los 50 millones de euros durante el fin de semana. La organización estima que aproximadamente dos tercios de los participantes proceden de fuera del territorio, lo que convierte la carrera en un auténtico acontecimiento turístico.
La ocupación hotelera se dispara. En Donostialdea llegó a rondar el 90%, mientras que en comarcas como Bidasoa y Oarsoaldea alcanzó niveles cercanos al 93%. El fenómeno tampoco se limita a la capital: los participantes y sus acompañantes se desplazan por diferentes puntos del territorio.
La evolución resulta todavía más significativa cuando se mira con perspectiva. Un estudio de Deusto Business School sobre la edición de 2013 calculó un impacto económico de 14,9 millones de euros, con 8,8 millones de gasto directo y otros 6,1 millones de impacto indirecto. El estudio estimó además el mantenimiento de unos 120 puestos de trabajo y una recaudación fiscal de alrededor de 800.000 euros.
No son cifras directamente comparables, porque corresponden a años y metodologías diferentes, pero sirven para entender hasta qué punto la Behobia ha crecido como fenómeno deportivo, social y económico.
Donostia también se ha convertido en una ciudad de grandes carreras
La Behobia no está sola. La Zurich Maratón Donostia-San Sebastián alcanzó en 2025 un récord histórico de participación con 11.500 inscritos, repartidos entre 7.000 corredores en la distancia de maratón y 4.500 en la 10K. La prueba reunió participantes de 70 nacionalidades y el 35% de los inscritos fueron atletas extranjeros.
El dato es especialmente relevante porque convierte un fin de semana de noviembre en una nueva ventana internacional para Donostia. Miles de corredores llegan desde otros territorios y países, muchos acompañados por familiares o amigos, y pasan varios días en la ciudad.
A ello se suma una larga tradición de carreras populares que se extiende por todo el territorio. La Media Maratón del Bidasoa, el Herri Krosa, las diferentes carreras de montaña y las numerosas pruebas locales completan un calendario que permite competir prácticamente durante todo el año. El resultado es una cultura deportiva en la que el dorsal se ha convertido en algo cotidiano.
De la carretera al monte
El fenómeno no se limita al running. Gipuzkoa es también uno de los grandes territorios para practicar y disfrutar de la montaña. Y aquí existe una prueba que representa el salto del deporte popular a una dimensión internacional: la Zegama-Aizkorri.
La maratón alpina celebró en 2026 su vigésimo quinta edición. El recorrido alcanza los 42,195 kilómetros y acumula 5.472 metros de desnivel, además de formar parte de las Golden Trail World Series. La organización mantiene un límite de 500 corredores.
La cifra de participantes puede parecer pequeña comparada con los 26.000 corredores de la Behobia, pero ahí está precisamente una de las características del deporte popular guipuzcoano: existen pruebas masivas y pruebas con una participación muy limitada que generan una enorme expectación.
En Zegama, conseguir un dorsal se ha convertido en una competición en sí misma. Para 2026 se reservaron 150 plazas para compromisos de la organización y otras 125 para corredores que habían participado en todas las ediciones anteriores o habían conseguido los mejores tiempos. Las 225 plazas restantes se adjudicaron mediante sorteo. El nombre de Zegama ha traspasado además las fronteras de Gipuzkoa. La prueba atrae a corredores internacionales y se ha convertido en uno de los grandes escaparates mundiales del trail.
La bicicleta llena las carreteras
El ciclismo constituye otro de los grandes pilares. El calendario guipuzcoano incluye durante todo el año carreras de diferentes categorías, marchas ciclistas y pruebas de montaña. La propia Diputación Foral de Gipuzkoa mantiene líneas específicas de apoyo a eventos de deporte autóctono vinculados al ciclismo, la pelota y el remo. En 2025 destinó 100.000 euros a esta convocatoria, de los que 80.000 correspondieron a ciclismo, 10.000 a pelota y otros 10.000 a remo.
Pero Gipuzkoa no solo acoge pruebas para aficionados. La Donostiako Klasikoa, con salida y llegada en San Sebastián, se ha consolidado como una de las grandes citas ciclistas internacionales. La edición de 2025 reunió a buena parte de los mejores equipos del mundo y contó con nombres como Juan Ayuso, Primož Roglič, Isaac Del Toro, Oscar Onley o Pello Bilbao en la línea de salida.
La convivencia entre el ciclismo profesional y el popular es otro de los elementos que explican la cultura deportiva del territorio. El aficionado puede participar en una marcha cicloturista el domingo y, unas semanas después, acudir a una carrera profesional en la que compiten algunos de los mejores ciclistas del planeta.
El mar también forma parte del deporte popular
Gipuzkoa no se entiende deportivamente sin el mar. El remo continúa siendo una de las grandes expresiones deportivas del territorio. Hondarribia, Orio, Donostia, Pasaia, Zarautz y otros municipios mantienen una relación histórica con las traineras y con el deporte del remo.
Un buen ejemplo se vivió este mismo verano con la Arraun Festa de Hondarribia. El evento reunió a 40 traineras y más de 560 remeros procedentes de 25 localidades del Cantábrico y Atlántico, además de Ipar Euskal Herria. La competición integró las principales ligas de traineras y convirtió durante varios días la bahía de Txingudi en uno de los grandes centros del remo del Cantábrico.
El deporte acuático también tiene otras expresiones. Natación, travesías, piragüismo, surf y triatlón forman parte de un ecosistema deportivo que aprovecha una de las grandes ventajas geográficas de Gipuzkoa: la combinación de costa, ríos y montaña en un territorio relativamente pequeño.
Pelota, herri kirolak y tradición
La modernización del deporte popular no ha significado la desaparición de las disciplinas tradicionales. La pelota vasca continúa ocupando un lugar central en numerosos municipios y frontones del territorio. Mano, pala y otras modalidades mantienen una presencia constante tanto en competición como en fiestas y acontecimientos locales.
Algo similar sucede con los herri kirolak. Aizkora, harrijasotzea, sega, sokatira o diferentes pruebas tradicionales siguen formando parte de la cultura deportiva vasca y mantienen su presencia en las plazas de los pueblos.
La propia Federación Vasca de Herri Kirolak mantiene campeonatos y actividades en disciplinas como el levantamiento de piedra, la sokatira o el levantamiento de mazorcas. En Gipuzkoa, además, el deporte rural conserva una característica que lo diferencia de muchas modalidades modernas: continúa estrechamente ligado a las fiestas y a la vida social de los municipios.
Una red de clubes que sostiene todo el sistema
Detrás de este enorme calendario hay algo mucho más importante que las grandes pruebas: los clubes. Son ellos quienes mantienen buena parte de la estructura deportiva durante todo el año. Clubes de atletismo, sociedades ciclistas, grupos de montaña, clubes de remo, sociedades de pelota, entidades de triatlón y asociaciones deportivas permiten que miles de personas puedan practicar deporte sin necesidad de formar parte de una estructura profesional.
En Gipuzkoa existe además una enorme diversidad deportiva. El propio portal de la Diputación recoge competiciones en disciplinas tan diferentes como atletismo, ciclismo, montaña, natación, remo, pelota vasca, surf, piragüismo, tenis, tenis de mesa, rugby, waterpolo, judo, gimnasia, voleibol, hockey o herri kirolak. Esa diversidad explica por qué hablar únicamente de «running» sería quedarse muy corto. El deporte popular guipuzcoano es mucho más amplio.
Un negocio que va mucho más allá de las inscripciones
La dimensión económica es probablemente uno de los aspectos que todavía no se ha analizado suficientemente. Una prueba deportiva genera ingresos por inscripciones, patrocinadores, servicios de organización y venta de material. Pero el impacto real va mucho más allá.
Un corredor que llega desde Barcelona para disputar la Behobia puede pasar dos o tres noches en Gipuzkoa. Utilizará un hotel o un apartamento, comerá en restaurantes, se desplazará por el territorio y probablemente acudirá acompañado. Lo mismo ocurre, aunque a una escala diferente, con las grandes pruebas de montaña, ciclismo o triatlón.
El estudio de Deusto sobre la Behobia calculó en 2013 un gasto medio de 337 euros por atleta y su círculo de acompañantes. La hostelería absorbió el 68% del gasto y el comercio otro 18%. Y las cifras actuales comunicadas por la propia organización apuntan a un impacto territorial de unos 50 millones de euros. La conclusión es evidente: una carrera popular puede ser también un producto turístico.
El territorio como escenario deportivo
Aquí aparece otra de las grandes ventajas de Gipuzkoa. En muy pocos kilómetros se puede pasar de correr junto al mar a subir un puerto de montaña, atravesar un bosque, recorrer una vía verde o competir en un frontón. Eso permite organizar pruebas muy diferentes sin necesidad de grandes infraestructuras. El territorio se convierte en el propio escenario deportivo.
Y esa característica tiene un valor añadido para quienes llegan desde fuera. No vienen únicamente a competir. También vienen a conocer Gipuzkoa. La Behobia utiliza las carreteras del Bidasoa y Donostialdea. Zegama pone en primer plano Aizkorri. Las pruebas ciclistas descubren las carreteras de los diferentes valles. El remo convierte la costa en un estadio. Las carreras populares llevan el deporte al centro de los municipios. Cada prueba cuenta, en cierto modo, una parte diferente del territorio.
El reto de seguir creciendo
El éxito también plantea problemas. Organizar cada vez más pruebas exige más permisos, seguridad, voluntarios, servicios sanitarios, cortes de carretera y recursos económicos. El calendario oficial de eventos deportivos del Gobierno Vasco establece procedimientos específicos para atletismo, ciclismo, triatlón, marchas ciclistas y otras pruebas, una muestra de la complejidad que puede alcanzar la organización de estos acontecimientos.
El voluntariado es otro elemento fundamental. La Behobia, por ejemplo, se apoya en una enorme estructura humana para hacer posible una carrera de semejante dimensión. Y existe una pregunta que el deporte popular tendrá que responder durante los próximos años: ¿hasta dónde puede crecer?
No todas las pruebas pueden aspirar a convertirse en una Behobia o una Zegama. Tampoco lo necesitan. La fortaleza del modelo guipuzcoano está precisamente en la coexistencia de grandes acontecimientos internacionales con cientos de pequeñas pruebas organizadas por clubes, sociedades y municipios.
Una cultura deportiva difícil de igualar
Los datos permiten entender la dimensión del fenómeno. Más de 26.000 personas tomando la salida en la Behobia. 11.500 inscritos en la Zurich Maratón. 500 plazas (con una demanda muy superior) en Zegama. 40 traineras y más de 560 remeros en una sola celebración del remo. Un calendario oficial que reúne pruebas de decenas de disciplinas. Y detrás de cada cifra hay personas.
Personas que entrenan antes de trabajar, que salen en bicicleta los fines de semana, que corren por los parques, que suben montes, que entrenan en un club, que participan en una travesía, que juegan a pelota o que se reúnen cada domingo para remar. Por eso quizá el concepto de «edad de oro» no deba medirse únicamente por el número de participantes. Se trata también de una cuestión cultural.
Gipuzkoa ha conseguido convertir el deporte en una parte de su vida social. Y lo ha hecho desde la élite hasta la última persona que se coloca un dorsal por primera vez. El deporte popular guipuzcoano no vive únicamente de grandes eventos. Vive de una red de clubes, voluntarios, organizadores y aficionados que mantienen encendido el calendario durante los doce meses del año.
La Behobia puede reunir a 26.000 corredores y Zegama seleccionar a 500. Pero el verdadero fenómeno está en todo lo que sucede entre ambas cifras. En las carreteras, montes, playas, frontones y plazas de Gipuzkoa hay cada vez más gente haciendo deporte. Y eso, más que cualquier récord concreto, puede ser la verdadera señal de que el territorio vive una nueva edad de oro del deporte popular.
