Son las nueve de la mañana de un sábado cualquiera en un polideportivo de Gipuzkoa. En la grada, familias con cafés en la mano. En la pista, un grupo de niños y niñas de primaria intenta entender las reglas de un deporte que muchos practican por primera vez. No hay marcador visible ni clasificaciones oficiales. Hay risas, carreras desordenadas y un monitor que repite una idea clave: “Hoy venimos a aprender”.
La escena se repite cada fin de semana en decenas de municipios del territorio. Forma parte del programa de Eskola Kirola, un modelo que desde hace décadas busca algo más que resultados deportivos: pretende acercar la actividad física a toda la infancia y convertirla en una herramienta educativa.
Un modelo pensado para participar
El sistema está impulsado por la Diputación Foral de Gipuzkoa y se organiza en colaboración con ayuntamientos, centros escolares, clubes y federaciones. La idea es sencilla en su planteamiento, aunque compleja en su gestión: garantizar que cualquier niño o niña pueda practicar deporte con independencia de su nivel o contexto.
En los primeros cursos de primaria, las sesiones se centran en el juego y el desarrollo motor. “Mi hijo llega a casa cansado y feliz. No le preguntan si ha ganado o perdido”, explica Ane, madre de un escolar de siete años en Azpeitia. Como ella, muchas familias valoran el carácter educativo del programa.
A partir de los ocho años entra en juego el Multikirola, uno de los rasgos más distintivos del modelo guipuzcoano. Durante la temporada, los escolares prueban distintas modalidades: balonmano, atletismo, fútbol, remo, tenis de mesa o actividades en la naturaleza, entre otras. La intención es ofrecer una base variada antes de decidir si quieren especializarse.
Los encuentros de fin de semana, que en muchos casos sustituyen a las ligas tradicionales, buscan fomentar la convivencia entre centros y municipios. “No se trata solo de competir, sino de conocer otros deportes y hacer cuadrilla”, resume un monitor del programa.
El salto a la competición
Con la llegada de la adolescencia, el sistema permite una mayor orientación hacia deportes concretos y aparecen competiciones más estructuradas. Es también el momento en el que muchos jóvenes comienzan a vincularse con clubes federados.
Ahí surgen algunas tensiones. “Cuando mi hija quiso centrarse en el baloncesto, tuvimos dudas sobre si debía seguir en Multikirola”, recuerda Iker, padre de una jugadora infantil en Tolosa. Casos como este han alimentado un debate que lleva años presente en el deporte de Gipuzkoa.
El frente judicial que cuestiona el modelo
La discusión dio un salto significativo al ámbito jurídico cuando varios clubes y familias recurrieron la normativa foral que regulaba el Kirol eskola. El punto más controvertido era la obligatoriedad de participar en el programa de Multikirola para poder competir en determinadas estructuras federadas en edades tempranas.
Tras un largo recorrido judicial, el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco dictó sentencia cuestionando esa obligación. El tribunal consideró que limitar el acceso a competiciones federadas podía vulnerar el principio de libertad de elección y exceder las competencias de la administración foral en la organización deportiva.
La ejecución posterior de la sentencia obligó a modificar aspectos del sistema, abriendo la puerta a que las familias puedan optar por itinerarios más especializados desde edades más tempranas. Para algunos agentes, esto supone un riesgo de aumentar la competitividad precoz y la desigualdad en el acceso al deporte. Para otros, representa una oportunidad para adaptar el modelo a nuevas demandas sociales.
Un sistema en evolución
Mientras el debate continúa, los polideportivos siguen llenándose cada fin de semana. Monitores, técnicos municipales y responsables federativos trabajan para mantener un equilibrio entre participación, formación y rendimiento.
“El reto es que ningún niño deje de hacer deporte porque no se sienta suficientemente bueno”, señala un coordinador deportivo municipal. Esa idea resume, en buena medida, la filosofía que ha guiado el programa Eskola Kirola en Gipuzkoa durante décadas.
En un contexto de cambios sociales y jurídicos, el modelo afronta ahora una nueva etapa. La pregunta ya no es solo cómo organizar competiciones, sino cómo seguir construyendo una cultura deportiva que acompañe a las personas durante toda la vida.

