El fútbol está empezando a replantearse una de sus acciones más tradicionales. El Como 1907, club de la Serie A italiana, ha implantado en su academia un programa para reducir los impactos evitables en la cabeza de los jugadores jóvenes. La medida, impulsada también por el exinternacional francés Raphaël Varane, establece una introducción progresiva del cabezazo en función de la edad.
En los equipos sub-10 no se permite cabecear el balón ni en entrenamientos ni en partidos. Los saques de banda y los córners se realizan mediante acciones a ras de suelo. En sub-11 tampoco se cabecea como norma general y la técnica solo puede introducirse durante la parte final de la temporada, utilizando un balón ligero de goma.
A partir de sub-12, el aprendizaje comienza de forma muy limitada: una sesión al mes y un máximo de cinco cabezazos por sesión. En sub-13 se amplía a una sesión semanal, también con un máximo de cinco impactos, pero el cabezazo continúa prohibido durante los partidos. El club, además, pide evitar los ejercicios repetitivos y los balones excesivamente inflados.
La filosofía del Como no es eliminar para siempre el juego aéreo, sino retrasarlo y enseñarlo progresivamente. «Proteger a los jóvenes primero y enseñar después la técnica de forma controlada» es la idea que resume el proyecto del club.
Varane, de los grandes cabeceadores a defensor de la prevención
La implicación de Varane tiene un componente especialmente significativo. El exdefensa del Real Madrid y Manchester United sufrió varias conmociones cerebrales durante su carrera y forma parte del Board of Education del Como.
Su argumento no se basa en considerar peligroso cualquier cabezazo aislado, sino en reducir la exposición acumulada durante los años de formación. El club considera que a esas edades debe darse prioridad al dominio del balón, la percepción del juego, la toma de decisiones y el desarrollo técnico.
La decisión italiana llega en un momento en el que distintas federaciones están adoptando medidas similares. Inglaterra comenzó en 2020 a establecer recomendaciones sobre el cabezazo en categorías de formación y desde la temporada 2024-25 está eliminando progresivamente los cabezazos deliberados en los partidos de fútbol base entre sub-7 y sub-11. En la temporada 2026-27 la medida alcanza al sub-11. En los entrenamientos ingleses, además, el cabezazo no debe introducirse hasta sub-12. Cuando comienza a enseñarse, la recomendación es de una sesión semanal y un máximo de diez cabezazos por sesión.
¿Qué dice realmente la ciencia?
La cuestión es más compleja que afirmar que «los cabezazos provocan demencia». La evidencia científica disponible no permite establecer una relación causal directa entre cabecear de niño y desarrollar una enfermedad neurodegenerativa décadas después. Faltan estudios que hayan seguido durante toda la vida a futbolistas que comenzaron a cabecear siendo niños. Pero sí existen señales suficientes para que la prevención haya entrado en el debate.
Uno de los trabajos más importantes fue publicado en 2019 en The New England Journal of Medicine. Los investigadores analizaron a 7.676 antiguos futbolistas profesionales escoceses y los compararon con 23.028 personas de la población general. La mortalidad por enfermedades neurodegenerativas fue aproximadamente 3,5 veces superior entre los exfutbolistas. El riesgo de morir por Alzheimer fue unas cinco veces mayor, mientras que el correspondiente a enfermedad de la neurona motora fue aproximadamente cuatro veces superior.
El estudio no demostró que los cabezazos fueran la causa de esas enfermedades. Los propios resultados deben interpretarse dentro de las limitaciones de una investigación observacional. Pero aportaron una señal epidemiológica difícil de ignorar.
El estudio sueco que puso el foco en los jugadores de campo
En 2023 llegó otro de los datos más relevantes. The Lancet Public Health publicó un estudio sobre 6.007 futbolistas masculinos que habían disputado al menos un partido en la máxima categoría sueca entre 1924 y 2019. Fueron comparados con 56.168 controles de características similares. Durante el seguimiento, 537 futbolistas, el 8,9%, fueron diagnosticados con una enfermedad neurodegenerativa, frente al 6,2% de los controles, 3.485 personas. El riesgo global fue un 46% superior entre los futbolistas. En Alzheimer y otras demencias, el riesgo fue un 62% mayor.
Hay un dato especialmente interesante para el debate sobre los cabezazos: los porteros no presentaron un aumento estadísticamente significativo del riesgo frente a la población general. Los jugadores de campo, en cambio, sí. El estudio no demuestra que cabecear el balón sea la explicación. Los futbolistas de campo están sometidos a muchas otras situaciones de contacto. Sin embargo, la diferencia entre posiciones es compatible con la hipótesis de que la exposición repetida a impactos craneales de menor intensidad pueda desempeñar algún papel.
El problema no es solo la conmoción
En el fútbol se tiende a identificar el riesgo cerebral con las grandes colisiones. Una caída, un choque de cabezas o un golpe fuerte pueden producir una conmoción cerebral, que requiere valoración y un proceso adecuado de recuperación. Pero existe otra cuestión: los llamados impactos subconmocionales, golpes de menor intensidad que pueden repetirse cientos o miles de veces a lo largo de una carrera deportiva.
Un cabezazo aislado no equivale a una conmoción cerebral. El debate científico se centra en qué consecuencias puede tener la acumulación de impactos repetidos durante muchos años y, especialmente, cuando comienzan a producirse en edades tempranas.
La sexta Conferencia Internacional de Consenso sobre Conmoción Cerebral, celebrada en Ámsterdam en 2022, recomienda adoptar una perspectiva especialmente preventiva con niños y adolescentes. El consenso señala que el cerebro en desarrollo requiere mayores precauciones y que las normas deportivas deberían tener en cuenta la edad y el desarrollo del jugador.
La conmoción tampoco es una lesión menor
La prevención del Como no afecta únicamente a los cabezazos. También pone sobre la mesa cómo se gestionan las conmociones cuando ocurren. Las recomendaciones internacionales actuales establecen que un deportista con una posible conmoción debe ser retirado del juego y sometido a una evaluación adecuada. La vuelta a la competición debe realizarse de forma progresiva y bajo supervisión sanitaria cuando existe riesgo de contacto.
En niños y adolescentes, además, la recuperación no debe plantearse como un simple «descansar unos días y volver». El consenso internacional recomienda combinar la recuperación con una reincorporación progresiva a la actividad física y, cuando sea necesario, adaptar temporalmente la actividad escolar. La mayoría de los jóvenes puede regresar al deporte en el plazo de un mes, aunque la evolución depende de los síntomas y de cada caso.
¿Hacia dónde va el fútbol de formación?
El movimiento iniciado por el Como encaja en una tendencia internacional: menos impactos innecesarios en las primeras edades y una enseñanza más progresiva del juego aéreo. La cuestión ya no parece ser si el cabezazo forma parte del fútbol. Evidentemente, forma parte de él. La discusión es cuándo debe aprenderse, cuántas veces debe practicarse y qué exposición resulta razonable para un niño.
El caso del Como introduce además una idea importante para el fútbol escolar y de cantera: proteger la salud no tiene por qué significar renunciar al desarrollo deportivo. Durante los primeros años se puede dedicar más tiempo al control del balón, al pase, a la conducción, a la percepción del espacio y a la toma de decisiones.
El fútbol infantil no necesita reproducir exactamente el fútbol profesional. Puede adaptar sus reglas a las necesidades de quienes todavía están creciendo. Y esa parece ser, precisamente, la dirección que empieza a tomar el deporte: no esperar a tener pruebas definitivas sobre lo que puede ocurrir dentro de treinta años para reducir hoy los impactos que no son imprescindibles.
