La increíble historia de Steve Bloomer: de estrella mundial a héroe de Irun

Antes de que el fútbol se convirtiera en un espectáculo global, antes de que las grandes estrellas llenaran estadios, protagonizaran anuncios y sus nombres fueran conocidos en todos los continentes, hubo jugadores que ya eran auténticos ídolos de masas. Uno de ellos fue Steve Bloomer.

Nacido en Cradley, Worcestershire, el 20 de enero de 1874, Bloomer fue uno de los grandes pioneros del fútbol británico y probablemente la primera gran estrella internacional de este deporte. Delantero del Derby County y del Middlesbrough, internacional con Inglaterra durante doce años y posteriormente entrenador en Alemania, Holanda, Canadá y… Gipuzkoa. Su trayectoria tuvo prácticamente todos los ingredientes de una novela. Y uno de sus capítulos más sorprendentes se escribió en Irun.

En 1923, cuando ya había dejado atrás su carrera como futbolista, Bloomer llegó a Irun para hacerse cargo del Real Unión. Apenas dos décadas después de haber sido una de las figuras más reconocidas del fútbol inglés, aquel hombre que había llenado estadios en Inglaterra acabaría siendo venerado por la afición unionista como «San Esteban».

La razón tenía forma de trofeo. En mayo de 1924, Bloomer dirigió al Real Unión hasta la conquista del Campeonato de España, la actual Copa del Rey, en una de las grandes gestas de la historia del club irundarra.

Un goleador adelantado a su tiempo

La dimensión de Bloomer se entiende mejor cuando se observa el momento en el que desarrolló su carrera. Debutó en el fútbol de máxima categoría inglesa a comienzos de la década de 1890, cuando el deporte profesional todavía estaba dando sus primeros pasos.

Su relación con el Derby County fue prácticamente una historia de amor. Jugó para los Rams en dos etapas, entre 1891 y 1906 y entre 1910 y 1914, con un paréntesis de cuatro temporadas en el Middlesbrough. Las cifras varían ligeramente según las competiciones y los criterios estadísticos utilizados, pero todas conducen a la misma conclusión: Bloomer fue un goleador extraordinario.

Los registros de la England International Database le atribuyen 352 goles en 598 partidos con Derby County y Middlesbrough, mientras que otras bases estadísticas especializadas contabilizan 352 tantos en 599 encuentros oficiales de club. Con Derby, los registros del propio club sitúan su producción en 331 goles en 525 partidos, una marca que permaneció durante más de un siglo como el récord goleador de la entidad.

En la máxima categoría inglesa marcó 314 goles. Esa cifra, extraordinaria incluso para los estándares actuales, le mantiene entre los grandes goleadores históricos de las cinco grandes ligas europeas. En una clasificación actualizada en febrero de 2026 aparece sexto, por detrás de Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, Robert Lewandowski, Jimmy Greaves y Gerd Müller. Pero más allá de las estadísticas, Bloomer fue un futbolista diferente.

Jugaba como delantero centro o interior derecho y destacaba por su velocidad de reacción, su capacidad para encontrar espacios y, sobre todo, por la precisión de sus disparos. Podía rematar con las dos piernas y se hizo famoso por un tipo de lanzamiento bajo, potente y difícil de detener que en Inglaterra recibió el nombre de «daisy cutter», algo así como «cortacésped».

Su capacidad goleadora convirtió sus apariciones en acontecimientos. Durante catorce temporadas consecutivas fue el máximo goleador del Derby County. En una época en la que los futbolistas todavía no tenían la dimensión mediática de las estrellas actuales, Bloomer ya era un personaje público.

Inglaterra descubrió a su goleador

La selección inglesa también disfrutó de aquel delantero extraordinario. Bloomer debutó con Inglaterra el 9 de marzo de 1895, precisamente en Derby, frente a Irlanda. Marcó dos goles en una victoria inglesa por 9-0. Durante sus diez primeros partidos internacionales consiguió marcar al menos un gol en cada uno de ellos, una secuencia que todavía forma parte de la historia de la selección inglesa.

Terminó su trayectoria internacional con 23 partidos y 28 goles. La relación es extraordinaria: más de un gol por partido. Uno de sus encuentros más recordados llegó el 16 de marzo de 1896, en Cardiff. Inglaterra derrotó a Gales por 6-1 y Bloomer marcó cinco de los tantos ingleses. Años después, en 1901, volvió a marcar cuatro goles contra la selección galesa. Fue el primer futbolista que consiguió dos partidos con cuatro o más goles para Inglaterra.

Su etapa con la selección se prolongó hasta 1907 y, durante aquellos años, llegó incluso a ejercer como capitán. El fútbol internacional todavía estaba en una fase embrionaria, pero Bloomer ya reunía algunos de los elementos que hoy asociamos a una superestrella: goles, récords, reconocimiento popular y una enorme capacidad para atraer la atención.

De futbolista a entrenador

En 1906, después de catorce temporadas en el Derby County, Bloomer se marchó al Middlesbrough. Allí permaneció hasta 1910, cuando regresó a Derby. En 1912 ayudó al club a conquistar el campeonato de la Segunda División inglesa, ya con 37 años. Dos años después puso punto final a su carrera como futbolista. Había jugado en una época en la que el entrenamiento, la preparación táctica y la figura del entrenador tenían una consideración muy diferente de la actual. Y precisamente ahí comenzó otra etapa de su vida.

En el verano de 1914 viajó a Alemania para hacerse cargo del Britannia Berlin 92. Apenas llevaba unas semanas en el país cuando estalló la Primera Guerra Mundial. Su contrato fue cancelado y Bloomer intentó regresar a Inglaterra, pero ya no podía abandonar Alemania. El 5 de agosto de 1914 fue detenido en Berlín y posteriormente internado en el campo de Ruhleben, cerca de la capital alemana.

Ruhleben era un campo de internamiento para civiles británicos. Allí llegaron a estar recluidos alrededor de 4.500 hombres, muchos de ellos relacionados con el deporte. En aquellas circunstancias, el fútbol adquirió una importancia inesperada. Los internos organizaron competiciones, crearon equipos y llegaron a disputar partidos ante miles de espectadores. Bloomer fue una de las figuras centrales de aquella comunidad futbolística. El fútbol, en mitad de la guerra y del internamiento, se convirtió en una forma de mantener cierta normalidad y una conexión con la vida que habían dejado atrás.

Irun, noviembre de 1923

Después de la guerra, Bloomer retomó su carrera como entrenador. Trabajó en Holanda y regresó también a Inglaterra, antes de que su trayectoria le llevara hasta Gipuzkoa. En noviembre de 1923 se hizo cargo del Real Unión de Irun.

La llegada de un entrenador inglés de semejante prestigio a un club guipuzcoano no era un hecho menor. El fútbol de aquella época estaba todavía lejos de convertirse en la industria que conocemos hoy y los entrenadores extranjeros eran una rareza. Bloomer aportaba la experiencia de haber competido durante décadas en la cuna del fútbol profesional.

Pero su adaptación tampoco fue sencilla. El idioma era una barrera y los futbolistas del Real Unión eran amateurs, por lo que sus posibilidades de entrenar con regularidad estaban condicionadas por sus obligaciones laborales. Bloomer tuvo que adaptar sus métodos a una realidad muy diferente de la que había conocido en Inglaterra.

Y ahí apareció una de las características más interesantes de su trabajo. Bloomer introdujo una mayor presencia del balón en los entrenamientos. Frente a una preparación basada en buena medida en carreras y trabajo físico, apostó por dedicar más tiempo al control, al pase y a las situaciones específicas de juego. Una investigación académica sobre los primeros entrenadores británicos en el fútbol español señala precisamente que Bloomer mantuvo métodos de preparación de tradición inglesa, pero incorporando mucha más práctica con balón y reduciendo el peso del trabajo de carrera.

No se trataba simplemente de importar el fútbol inglés. Bloomer observó las características de sus jugadores y trató de aprovecharlas. Aquella combinación entre la cultura futbolística británica y las cualidades técnicas de los futbolistas guipuzcoanos acabaría dando resultado.

El Real Unión que conquistó el fútbol

El Real Unión de la temporada 1923-24 era uno de los grandes equipos del fútbol estatal. El club ya había conquistado el Campeonato de España en 1918 y 1920, además del título conseguido por el Racing de Irun en 1913, y se encontraba en uno de los periodos de mayor esplendor de su historia.

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Con Bloomer en el banquillo, el equipo volvió a ganar el Campeonato de Gipuzkoa y el Campeonato del Norte antes de afrontar la competición nacional. El camino hacia la Copa de 1924 tuvo un desenlace especialmente memorable. En cuartos de final, el Real Unión eliminó al Sevilla. En semifinales esperaba el Barcelona, uno de los grandes equipos del fútbol de aquel entonces.

La eliminatoria comenzó el 20 de abril en el Stadium Gal. El Real Unión ganó 1-0. Una semana después, en Les Corts, el Barcelona consiguió devolver el golpe y venció por 2-0. Todo quedaba pendiente de un tercer partido. El desempate se disputó el 30 de abril en el viejo estadio de Atoxa de Donostia. Y allí el equipo de Bloomer protagonizó una de las mayores exhibiciones de la historia del Real Unión. Ganó 6-1.

Joaquín Vázquez abrió el marcador en el minuto 21 y Juan Errazquin amplió la ventaja nueve minutos después. Vázquez volvió a marcar antes del descanso y Errazquin hizo el cuarto nada más comenzar la segunda parte. Martí redujo distancias para el Barcelona, pero René Petit y Matías Aguinaga completaron la goleada. El Real Unión estaba en la final.

Cuatro días después, el Real Madrid

El rival era el Real Madrid. La final se disputó el 4 de mayo de 1924 de nuevo en Atotxa. No había Liga como la conocemos actualmente y la Copa constituía la gran competición. Bloomer puso en el campo a un equipo formado por Antonio Emery en la portería; Manuel Anatol e Ignacio Berges en defensa; Francisco Gamborena, René Petit y Ramón Eguiazábal; y José Echeveste, Joaquín Vázquez, Juan Errazquin, Matías Aguinaga y Ramón Azurza.

El partido fue cerrado. Durante más de una hora ninguno de los dos equipos consiguió marcar. Hasta que apareció José Echeveste.En el minuto 68, el delantero del Real Unión consiguió el único gol de la final. El 1-0 se mantuvo hasta el final y el equipo irundarra se proclamó campeón de España. Era la segunda Copa del Real Unión como club, y la tercera para el fútbol irundarra si se contabiliza el campeonato conseguido por el Racing de Irun en 1913. Bloomer había llegado a Irun apenas unos meses antes. Y acababa de convertirse en campeón de España.

«San Esteban»

La relación entre Bloomer y la afición unionista adquirió entonces una dimensión casi legendaria. Cuando el equipo regresó a Irun con el trofeo, los aficionados recibieron a sus campeones y corearon el nombre del entrenador inglés. De aquella celebración nació el sobrenombre con el que pasaría a la historia del club: «San Esteban».

No era una simple ocurrencia. La figura de Bloomer había adquirido una consideración extraordinaria en una ciudad que había encontrado en el fútbol uno de sus grandes elementos de identidad. El inglés también llegó a ser conocido como «Irun Bloomer», una muestra de hasta qué punto su nombre había quedado asociado a la ciudad fronteriza.

La ironía de la historia es extraordinaria. El hombre que había sido una de las mayores estrellas del fútbol inglés terminó convertido en una figura popular en Irun y Gipuzkoa. Y lo hizo no como jugador, sino desde el banquillo.

Un equipo, una época y una manera diferente de entender el fútbol

La importancia de Bloomer en Irun no se limita al título de Copa. Su llegada coincidió con una época en la que el fútbol estaba adquiriendo una personalidad propia y en la que los entrenadores británicos tenían una influencia cada vez mayor. En aquellos años, nombres como Fred Pentland también desarrollaban su trabajo en Bilbo, contribuyendo a introducir nuevas concepciones sobre la preparación y el juego.

Bloomer aportó su propia experiencia. El balón pasó a tener una presencia mayor en las sesiones de entrenamiento y el trabajo colectivo adquirió importancia. Su conocimiento del fútbol británico le permitió trasladar conceptos que en la península todavía no estaban completamente desarrollados, pero sin renunciar a las características técnicas de sus jugadores.

El resultado fue un equipo capaz de competir y ganar ante algunos de los clubes más importantes del país. Y los resultados llegaron rápidamente: Campeonato de Gipuzkoa, Campeonato del Norte y Campeonato de España en la temporada 23/24.

Una vida que continuó lejos de Irun

Bloomer permaneció en el Real Unión hasta 1925. Después regresó a Inglaterra y volvió a trabajar vinculado al Derby County. Allí ejerció diferentes funciones, entre ellas las de entrenador de las categorías inferiores y responsable del terreno de juego.

Su vida personal había estado estrechamente ligada a Derby. En 1896 se casó con Sarah Walker. El matrimonio tuvo cuatro hijas: Hetty Winifred, Violet Pretoria, Doris Alexandra y Patricia K. La muerte de Sarah afectó profundamente a sus últimos años. La salud de Bloomer también comenzó a deteriorarse y, según la documentación biográfica conservada sobre él, un grupo de empresarios de Derby y personas vinculadas al club organizó incluso un partido homenaje para ayudarle económicamente y financiar un viaje a Australia y Nueva Zelanda.

Bloomer murió en Derby el 16 de abril de 1938. Tenía 64 años. Habían pasado casi cincuenta años desde que aquel muchacho de Worcestershire comenzara a abrirse camino en el fútbol.

El legado de una estrella que nunca desapareció

En Derby, Steve Bloomer sigue siendo una figura central de la historia del club. Su nombre está asociado al himno que suena antes de los partidos en Pride Park, «Steve Bloomer’s Watchin'», y un busto suyo permanece junto al banquillo local.

En Irun, su recuerdo tomó otro camino. Durante décadas, su historia quedó parcialmente escondida en los archivos del Real Unión hasta que la recuperación de los vínculos entre el club irundarra y el Derby County permitió recuperar una relación que comenzó un siglo atrás.

En 2017 ambos clubes disputaron en el Stadium Gal el primer Trofeo Steve Bloomer, un partido concebido como homenaje a quien forma parte de la historia de los dos equipos. Derby County ganó aquel encuentro por 2-1. El trofeo recuperaba así el nombre de un hombre que había unido dos ciudades futbolísticas separadas por miles de kilómetros.

Derby lo recuerda como uno de sus grandes goleadores. Inglaterra, como uno de sus primeros grandes internacionales. La historia del fútbol británico, como una de sus primeras estrellas. Y en Irun permanece otra memoria, quizá más singular. La del entrenador inglés que llegó en 1923, transformó los métodos de trabajo de un equipo, ganó la Copa de España y fue recibido por las calles de la ciudad entre gritos de «San Esteban».

Steve Bloomer fue una estrella mundial antes de que existiera el concepto de estrella mundial. Y, durante unos meses de 1923 y 1924, aquella estrella encontró en Irun uno de los escenarios más importantes de su vida.