Hay empresas que crecen en silencio y, cuando te quieres dar cuenta, ya están jugando en otra liga. Smartlog es una de ellas. Nació en 2016 en Urretxu y, en menos de diez años, ha pasado de ser una ingeniería local a desplegar proyectos de automatización logística en más de 15 países. Detrás hay una idea bastante clara: ayudar a las empresas a mover mejor sus productos dentro de almacenes cada vez más complejos, donde la rapidez y la precisión ya no son una ventaja, sino una obligación.
Ambición y crecimiento desde el interior de Gipuzkoa
Hoy el grupo suma más de 150 profesionales y ha participado en más de 170 instalaciones logísticas para más de 130 clientes. Trabajan con sectores donde cualquier fallo cuesta dinero de verdad: alimentación, farmacia, automoción, retail o e-commerce. Su papel no es menor: diseñan, integran y ponen en marcha sistemas completos, desde robots móviles hasta software que decide en tiempo real qué pasa en cada punto del almacén.
Ahí entra Galys, su plataforma propia, que en la práctica funciona como el cerebro de todo el sistema. No es solo control, es también análisis y anticipación. Saber qué va a pasar antes de que pase. Ese es el tipo de tecnología que está empujando el crecimiento de la compañía.
Hay señales claras de ambición: el proyecto Smartlog Nest, un centro de I+D en Urretxu con una inversión cercana a los 12 millones de euros y 6.000 metros cuadrados, pensado para atraer talento y reforzar su papel en la automatización logística. No es una inversión menor; es una declaración de intenciones «made in Gipuzkoa».
Un club pequeño que juega a lo grande
La SD Eibar lleva años demostrando que el tamaño no siempre marca el impacto. Con un presupuesto que ronda los 10 millones de euros, compite en un fútbol cada vez más exigente sin perder su identidad. Su negocio se apoya, como el de casi todos los clubes de su categoría, en los derechos de televisión (unos 6,8 millones), pero cada vez tiene más peso el área comercial, donde ya genera cerca de 1,7 millones. Ahí es donde entran acuerdos como el de Smartlog.
El club, además, mantiene una base social muy fiel. No mueve masas gigantes, pero sí una comunidad muy conectada, con más de 6.000 abonados y accionistas que sostienen un modelo poco habitual en el fútbol profesional. A nivel económico, viene de años complicados tras el descenso, con pérdidas cercanas a los 8 millones en el último ejercicio, pero también con un colchón importante de fondos propios, acumulados durante su etapa en Primera.
Y luego está lo que no se mide tan fácil: el impacto. El Eibar es una ventana de Gipuzkoa al mundo. Cada partido, cada retransmisión, cada patrocinador que aparece en la camiseta tiene un alcance que va mucho más allá de Ipurua. Para muchas empresas, ese escaparate vale tanto como cualquier campaña internacional.
Una relación que tiene mucho sentido
Por eso el acuerdo entre Smartlog y el Eibar encaja. Se firma en junio de 2024 por tres temporadas (hasta 2027), después de una primera toma de contacto con el equipo femenino meses antes. No es casualidad ni improvisación; es una relación que se construye paso a paso.
Smartlog gana visibilidad en un entorno competitivo, utilizando el fútbol como altavoz para acompañar su crecimiento internacional. El Eibar, por su parte, suma un socio que no desentona: empresa de Gipuzkoa, con proyección global, vinculada a la industria y con una narrativa muy parecida a la del propio club.
Al final, más que un patrocinio, es un cruce de caminos bastante natural. Una empresa que está creciendo y necesita que se le vea, y un club que siempre ha sabido hacer mucho con poco, pero que necesita aliados para seguir compitiendo. En ese punto intermedio es donde encaja todo.

