Mikel Arteta y el Arsenal se quedan a un penalti de la Champions League

La Champions League volvió a escaparse del Arsenal cuando ya parecía al alcance de la mano. En el Puskás Aréna de Budapest, el equipo de Mikel Arteta cayó en la tanda de penaltis ante el Paris Saint-Germain (1-1, 4-3), después de resistir durante más de dos horas frente al campeón continental. La derrota duele especialmente en Londres, pero también en Gipuzkoa, donde se sigue con atención la trayectoria del técnico donostiarra que ha devuelto al club inglés a la élite europea. El desenlace fue cruel. Gabriel envió por encima del larguero el último lanzamiento de la serie y entregó el título a un PSG que conquista su segunda Champions consecutiva, algo que ningún club francés había logrado jamás. Para el Arsenal, en cambio, continúa una espera que ya se extiende a 226 partidos en la máxima competición europea sin levantar el trofeo.

El plan de Arteta funcionó durante una hora

El partido respondió exactamente al guion que había diseñado Arteta durante gran parte de la noche. El Arsenal golpeó pronto, defendió con orden y obligó al PSG a jugar lejos de las zonas donde suele resultar decisivo. Apenas habían transcurrido seis minutos cuando Kai Havertz aprovechó un error de Marquinhos para plantarse ante Matvei Safonov y definir con precisión. El delantero alemán, que ya había marcado en una final de Champions con el Chelsea, volvió a aparecer en una gran cita para adelantar a los londinenses. Hasta el descanso, el conjunto inglés mostró una de las señas de identidad que ha construido Arteta desde su llegada al banquillo: disciplina táctica, solidaridad defensiva y capacidad para competir ante rivales técnicamente superiores. El PSG monopolizó la posesión, pero apenas encontró espacios ante una estructura que resistió con firmeza.

El Arsenal protesta por dos acciones decisivas

El encuentro cambió en el minuto 64. Khvicha Kvaratskhelia ganó la posición dentro del área y Cristhian Mosquera cometió una falta que el colegiado alemán Daniel Siebert señaló como penalti. Ousmane Dembélé transformó el lanzamiento y devolvió el equilibrio al marcador. La jugada generó controversia en el entorno londinense, pero aún más debate provocó una acción durante la prórroga. En el minuto 100, Noni Madueke cayó dentro del área tras un contacto con Nuno Mendes. El árbitro dejó seguir y tampoco rectificó tras las protestas del Arsenal. Arteta no ocultó su malestar después del partido. «He visto todos los penaltis señalados en esta competición durante las últimas 72 horas y para mí esa acción puede ser penalti perfectamente», afirmó en la rueda de prensa posterior. Sin convertir la actuación arbitral en excusa, el técnico guipuzcoano insistió en que los pequeños detalles terminaron inclinando la balanza. «Cuando algo tenía que caer de nuestro lado, no ocurrió. Pasó con los penaltis y pasó en la tanda», resumió.

Donostia en el corazón del proyecto

La derrota supone un golpe para un proyecto construido alrededor de la figura de Arteta, uno de los entrenadores más influyentes del fútbol europeo. Formado en Antiguoko y posteriormente en la cantera de la Real Sociedad antes de iniciar una carrera profesional que le llevó al Paris Saint-Germain, Rangers, Everton y Arsenal, el donostiarra ha transformado al club londinense desde su llegada al banquillo en 2019. Esta temporada había logrado devolver al Arsenal a una final de Champions diecinueve años después de la disputada en París frente al Barcelona. Además, conquistó la Premier League, poniendo fin a una espera de veintidós años para la afición «gunner». El sello de Arteta sigue siendo reconocible. Su Arsenal compite desde la organización colectiva, la presión coordinada y una exigencia táctica que recuerda a muchos entrenadores surgidos del fútbol guipuzcoano. Budapest no alteró esa identidad. Incluso frente al mejor equipo de Europa, según reconoció el propio técnico, el conjunto inglés estuvo a escasos centímetros de la gloria.

Un campeón construido para dominar Europa

El triunfo confirma la hegemonía continental del PSG de Luis Enrique. Los parisinos han enlazado las Champions de 2025 y 2026, un éxito reservado en este siglo únicamente al Real Madrid de Zinedine Zidane. Los números explican buena parte de su superioridad estructural. El equipo francés cerró la competición con 45 goles, una media de 2,8 por partido, y repartió su producción ofensiva entre múltiples protagonistas. Kvaratskhelia firmó diez tantos, Dembélé ocho, Vitinha seis y Désiré Doué cinco. Sin embargo, ni siquiera ese arsenal ofensivo logró desarmar completamente al conjunto de Arteta. El Arsenal llegó vivo hasta la tanda de penaltis gracias a una actuación colectiva de enorme nivel defensivo y estuvo a apenas diez segundos de ganar la final cuando un disparo de Viktor Gyökeres se marchó desviado en la última acción de la prórroga.

Dolor inmediato, ambición intacta

La imagen final fue la de Arteta consolando a sus futbolistas sobre el césped de Budapest. El entrenador reconoció sentir únicamente «dolor», pero también reivindicó el camino recorrido. «No hemos perdido ningún partido en esta Champions y hemos estado a unos pocos penaltis de ganar la competición más importante del fútbol de clubes», recordó. La derrota impedirá al Arsenal romper una de las grandes maldiciones de su historia reciente. Sin embargo, también confirma que el proyecto liderado por el técnico donostiarra ya forma parte de la élite europea. Esta vez la gloria cayó del lado parisino. Pero el Arsenal de Arteta salió de Budapest con la sensación de haber perdido una final, no de haber llegado a ella por casualidad.